Wednesday, February 25, 2009

OLGA DIAZ (1936 - 2008)


Fotos Michael Pancier

Cuénteme de sus orígenes.

Nací en un pueblo muy bonito, a las orillas del rio Cauto, que se llama Palma Soriano, quedando cerca de la Ermita de la Caridad del Cobre, llegando a Santiago de Cuba en la Provincia de Oriente. Se veía a lo lejos las montañas violetas de mi bella Sierra Maestra o Sierra del Cobre. Toda esto fue parte de mi paisaje habitué. Mi madre fue Delfina María Parlade Echavarría, una mujer de Santiago de Cuba, una bellísima mujer, muy culta y preparada, de un espíritu muy evolucionado para su época, fue doctora en farmacia. Tenía una linda forma de hablar, un lindo vocabulario. Mi padre era de Matanzas y fue viajante de calzado era un hombre muy simpático.
Nací en 1936, lo que me hace una preciosa mujer de 22 años. Fíjate que te dije de 22 años. Esa edad de los 22 años se convirtió por problemas de numerología en la edad de 72 años. La gente se preocupa por las arrugas del cuerpo, pero yo me preocupo por las arrugas del alma, así que mientras tenga mentalidad de 22 años, soy una mujer muy joven y feliz.

¿Qué valores le trasmitieron sus padres?

Tuve una familia muy interesante, porque eran inteligentes y a mí la gente inteligente es lo que más me gusta. No me interesan los problemas sociales, ni de dinero, ni de automóviles caros y barrios elegantes. Pero unos individuos que se sentaban a conversar conmigo y sabían de lo que estaba hablando eran mi padre y mi madre, y eso a mí me fascinaba. Siempre estuve rodeada de música, de ‘cantadera’, mis hermanas también cantaban, tocaban piano. Éramos cuatro hembras y un varón. Fue una linda familia. Después todos vinimos aquí por los problemas políticos que ya se saben y empezamos la dura tarea de la reconstrucción de nuestras vidas.

¿De niña iba a la Ermita de la Caridad del Cobre?

Sí, íbamos a pie al Cobre, era precioso, era siempre un remanso. Tengo mucha fe, es lindo tenerla y me ha ayudado mucho en la vida.

¿Y aquí va a la Ermita?

Ya cuando tienes demasiado a Jesús en tu corazón, no tienes necesidad de visitarlo tanto, él están contigo todo el tiempo. Aunque sé que no estoy correcta, que se debe de ir, pero tengo una haraganería regia que se llama cama los domingos, dormir un poquito más.

Cuénteme de su descubrimiento del piano…

Desde los cuatro años ya tocaba el piano. En mi casa había un piano alemán maravilloso muy bueno, que mi mamá tocaba, pero lo tocaba ‘reguliche’. Yo fui adquiriendo el oído y sabía dónde estaban las notas. Cuando me senté en el piano aquella noche, que fue una noche de verano que estaban todos sentados en el portal cogiendo fresco y la casa estaba oscura, recuerdo que mi mamá decía, ¿pero quién está tocando el piano? Desde ese momento yo sabía que esa iba a ser mi vida, yo sabía que iba a ser músico. Fue una cosa maravillosa, como jugar con un juguete, que era una caja linda que producía sonidos lindos.
Empecé a estudiarlo ya formalmente cuando tenía 7 años, en la escuela primaria y todo lo que iba oyendo lo aprendía. También tomé clase de ballet, tenis, voleibol, basquetbol, corría, natación, inclusive en competencias. Fui una niña muy activa, muy divertida.
Después estudié en la Universidad de Oriente, allí me gradué de licenciada en música. Luego vino la revolución y trajo por consecuencia todos esos problemas, la mala digestión de un país que no sabe cómo va a digerir todas esas nuevas ideas.

¿En qué año salió de Cuba?

En 1959 gané una competencia de pintura en el festival de las Américas, con una bandera hispanoamericana y vine a recoger el premio, que eran mil dólares y en ese mismo tiempo vino la revolución y ya me quedé aquí. Parece que Dios me dio la facilidad de pintar para que yo saliera en ese momento, y así fue. La bandera era el mapamundi las Américas en blanco, con el océano en azul y el sol en forma de brújula en amarillo, sobre el mismo azul del mar, representando la unión geográfica - cósmica que había sobre las dos Américas. El blanco simbolizaba la pureza y el sol los rayos de libertad que se supone que caían sobre nuestra América, pero una cosa rara es que parece que los rayos del sol sí nos dan, pero no los de libertad.

¿Cómo fue esa nueva etapa de reconstrucción aquí?

Cuando vine aquí ya no era tan adolescente de edad, tenía 23 años, pero era adolescente de alma. Aquí en Estados Unidos seguí estudiando música, me gradué en la Universidad de Miami, donde hice mi máster en piano performance en música clásica. En el 60 conocí a un uruguayo y a los seis meses ya estábamos casados, no hubo noviazgo, me fascinó, eso fue un amor fulminante, él se llamaba Mauricio Pancier, que es mi apellido, aquí yo soy Olga Díaz de Pancier, en Cuba era Olga Díaz Parlade. Tuve un hijo Michael Anthony Pancier, que es abogado. Yo estaba siempre con mi pianito ‘reguliche’, un piano inglés, allí practicaba mi poquito. Después de dos o tres años de matrimonio, él me compró un piano que todavía lo tengo, que me encanta, un Kawai de cola muy bueno. Mauricio murió en el año 1994, pero se quedó su gran amor alrededor mío, porque eso fue una maravilla de matrimonio.
El exilio ha sido una etapa muy bella de mi vida, aquí conocí los grandes talentos cubanos, los que realmente han estudiado música y saben música, como René Touzet, que era un señor músico. Toqué muchas veces sus obras clásicas y populares. Hicimos una maravillosa amistad y de esa amistad salieron muchos conciertos. He tocado con Mario Fernández Puerta, Robertico Lozano, con María Ciervide, con ella hice un dúo al principio de mi carrera que se llamaba el dúo “Las diferentes”. Fue muy hermoso para mí haberlos conocido, aprender de ellos. Por eso yo digo que paro mi el exilio no paró el vuelo de mi mariposa, porque para mí la vida de la mariposa es ir a las flores, a nutrirse de su polen, y para mi esos compositores han sido esas flores, ese polen. Los encontré aquí y seguí nutriéndome de ellos, y espero que ese polen se riegue, y que muchas personas sigan el trayecto de cultivar la música cubana, con toda la calidad y categoría que se merece. No la cosa fácil que hace popular una canción, sino la cosa difícil que hace que el público se eduque y empiecen a escuchar cosas más importantes.

¿Cree que la música es el arte más sublime?

Yo creo a través de la mirada, a través de los ojos, uno enseguida aprende, porque ellos tramiten inmediatamente el reflejo de lo que se está mirando. Por ejemplo, puedes distinguir diferentes tipos de arquitectura sin saber de arquitectura. Cuando empiezas a leer, la vista todavía se te hace más inteligente. Pero cuando tu escuchas música o escuchas a las personas hablar es más difícil aprender, porque primero tienes que aprender a escuchar. Por el oído es más difícil aprender. Hoy en día escucho esas músicas que encuentro terriblemente malas y desastrosas y se venden y se compran sin saber que lo son. Hay que tener el cuidado y la inteligencia de saber lo que se está escuchando. Creo que la sociedad se merece ser continuamente educada. Para mí la música es la más difícil de todas las artes, no sé si es la más completa y sublime, porque para mí la palabra o la pintura, igual son maravillosas, en todas encuentro el lenguaje de Dios.

¿Se ha dedicado a la enseñanza del piano?

Yo no me he dedicado a enseñar, no porque no me guste, porque creo que enseñar es una de las generosidades más grandes que puede tener un músico, y más aun cuando lo sabe hacer bien. Tengo muchas amigas, algunas son excelentes pianistas y maestras, otras son menos pianistas pero son excelentes maestras. Yo soy regular como pianista y regular como pianista también.

Que modestia…

No yo no soy tan modesta, si me rascas un poquito empieza a salir el egocentrismo.

¿De dónde cree viene todo ese humor que la acompaña?

Creo que uno nace con su propia gracia o su propia desgracia, pero creo que parte de esa comiquería mía cuando estoy en los conciertos, se debe al humor criollo cubano. Yo creo que el ambiente cubano tiene que haber influenciado en mí. Considero al cubano muy simpático, original y con agilidad mental. Cuando son pesados son insoportables. Los hay muy simpáticos, que son los que crearon el humor criollo, y los pesados que se convirtieron en parte de las bromas de los simpáticos. Incluso hay una frase en Cuba que dice: tú puedes ser cualquier cosa menos pesado. En Cuba no podías llegar a ningún lugar, ni siquiera a Presidente, si no eras un hombre simpático. Después no sé lo que paso, cambio el humor criollo un poquito, pero creo que algún día se recuperará de nuevo aquella palabra que a mí me gustaba mucho, que se llamaba sandunga, la sandunga criolla, que era una especie de gracia especial que tenía nuestra patria.

¿Regresó a Cuba?

No, nunca más regresé a Cuba, allí se me quedó el país en sueños y en recuerdos. Los recuerdos son bellísimos, de colores, de olores, del cariño con que me trataba la gente cuando era maestra. Iba a la Universidad de Oriente a estudiar y de ahí cogía una guagua y me iba a San Luis a dar clases de músicas. Siempre fue muy agradable la forma en que me trataban hasta los más infelices y pobres, con cariño, con respeto.

¿Y también le gusta cantar?

Canto con una voz ‘reguliche’, pero yo le pongo una especie de estilo, de personalidad, en fin, y a veces la gente me dice, me encanta como tu canta, y yo digo ¿quién lo iba a decir? Pero me gusta cantarle al amor, al romance, aunque veces la gente me diga que ya no estoy para cantar esas cosas, para eso no hay edad.

¿Quién es el músico más grande que ha dado Cuba?

Yo me complazco mucho con una canción que hizo Orlando y Mara que se llamaba “Cuba es su música” y considero que nosotros los músicos nos miramos así. Para mí Touzet fue una maravilla de compositor haciendo sus danzas clásicas cubana y las canciones populares. De Lecuona me encantan las danzas cubanas, las danzas negras africanas del siglo XIX. Me encantan sus canciones, pero como no soy cantante lirica me voy para la parte pianista, aunque tú me das a mi “María la O” y me siento arrullada por esa melodía. Me encantan Eduardo Sánchez de Fuentes en la música popular, la música clásica de Cervantes, Saumell, y de los modernos mi maestro, Aurelio de la Vega, un gran compositor de música contemporánea.
En jazz, lo más grande que ha dado Cuba para mi es Chucho Valdés, me encanta el padre, pero el hijo tiene unos vuelos de mariposas más amplios. Hay dos pianistas en Cuba de ese tipo. Chucho es extraordinariamente musical, más dulce que Rubalcaba, es dificilísimo lo que hacen y de una calidad tremenda.

¿Cómo recuerda a Touzet?

Era un hombre alto delgado, de un carácter muy especial, con una seriedad preciosa sobre la música, por eso le tengo mucho respeto. Era una persona realmente encantadora. A él le debo mucho, me enseñó gran parte de lo que sé hoy.

¿Le gusta la música actual?

La música del siglo XX y XXI no es fácil, es una música que tiene las aristas lógicas de los siglos que estamos viviendo, que no son los siglos de carricoches y carruajes como en la época de Chopin, etcétera cuando todo era más dulce, más lindo. Ahora no es tan dulce es un poco más ácido, más fuerte, pero es interesante poder entender y descubrir tu siglo y saber que tú eres parte de él. A mi me gusta mucho el pasado en música pero también me gusta el presente.

¿Por qué el cambio hacia la música popular?

Yo incursiono en la música popular porque fue la que me hizo sobrevivir aquí. Yo no era suficientemente buena en lo clásico, yo toco bonito pero no extraordinariamente bien. Hay muchos músicos clásicos que son extraordinariamente buenos, yo no llegué a esa calidad.

¿Cómo es su día a día?

Para mí todos los días son una aventura, por ejemplo hoy empecé el día con una entrevista, yo creía que venías en la tarde y llegaste en la mañana. Después toco un poco de música, voy a cocinar, para ver que vamos a comer Yaya y yo. Yaya es mi querida amiga que viene a arreglarme un poco las cosas, porque yo vivo un poco desordenada, pero si vienes más a menudo, hay algo que siempre vas encontrar en mi casa, alegría, algo de comer y algún café que tomar. ¿Quieres que te haga un cafecito?

Por supuesto, muchas gracias.

Tú ves que ese cafecito es importante, no puede faltar en una casa cubana. Cuando yo hago café, o arroz con pollo me huele a Cuba. Cuando la lluvia empieza a mojar la tierra, me huele a Cuba. El olor es un sentido importante, que veces la gente descuida. Cuando Michael tenía como 5 ó 6 años, yo aprendí a hacer pastel de manzana. Al principio lo hacía con muchos errores, una vez lo hice tan crudo que se lo di a una persona y me dijo que se le había quedado el diente pegado en la manzana. Me acuerdo que un día Michael me dijo, me encanta mami el olor cuando tú estás haciendo el pastel de manzana, huele a hogar. Hace más tiempo que no lo hago.

¿Le gusta la cocina?

Me encanta cocinar y tengo la ventaja de que todo lo que cocino me queda sabroso, pero eso fue después de muchos experimentos fallidos, después de muchas metidas de pata. Cuando yo vine para acá no estaba preparada para ser ama de casa, sino para ser pianista. Me casé con el uruguayo de 21 o 22 años, me casé temprano. El cocinaba muy bien la comida de allá, pastas y carnes, pero la comida mía era toda roja y él me decía, pero nosotros nos somos chinos.

¿Enseñó a tocar el piano a su hijo?

El estudió piano como 5 años, pero gracias a Dios se fue de la música, porque yo le decía ¡ay niño que te mueres de hambre por favor! y entonces se hizo abogado, no por los consejos de la madre, porque yo quería que fuera músico, pero al mismo tiempo no. La gente tiene la tendencia a querer triunfar y la música no es para triunfar, es solo un privilegio de Dios, la música es solo para hacer buena música. Si vas a dedicarte a ella como medio de vida te vas a dar cuenta que no es fácil. Triunfar es también un privilegio que solamente Dios les da a algunos pocos, no a todo el mundo y no es porque seas mejor ni peor, son las casualidades, los accidentes, con quien estás, en qué momento te vino alguien a ayudar, son muchos factores los que hacen que las personas triunfen en su recorrido por esta vida. En la música es muy difícil. Yo estuve trabajando toda mi vida tocando piano aquí en los hoteles, estuve 30 y pico de años tocando en el hotel Doral Country Club, y la gente ahora me dice, ¿y no te descubrió nadie, por qué no grabas cds? No, a mí la gente me aplaudía mucho, pero nunca se acercó nadie a decirme te descubrí. A mí no me gusta grabar, me gusta que la gente vaya a verme a los conciertos.

¿Qué otros valores le trasmitió a su hijo?

Aquí la vida es compleja, quisiera ver a mi hijo y a mis dos nietos todos los días, no puede ser, por las distancias. Pero siempre le digo a mi hijo una cosa, cuando tú caminas detrás de ti está Dios, pero detrás de Dios estoy yo, donde quiera que vayas. Ahí estamos las mamitas detrás de los hijos siempre, aunque no estemos presentes.

¿Y algo valioso que la vida le haya trasmitido a usted?

Todos los días me levanto a las 5 de la mañana caminar, porque va a hacer dos años que me operaron de corazón abierto. Estuve bastante malita, pero viví. Me dieron el second chance así que ahora quisiera tener el poder absoluto de que nada ni nadie pudiera incomodarme.

¿Si hubiera un cambio en Cuba le gustaría regresar?

Yo detesto hablar de política, la odio, porque estoy aquí en este país por ella. Yo adoro la democracia. El derecho de hablar, como lo estoy haciendo contigo, es un derecho con el cual nací, y nadie me puede quitar, a menos que estemos en una dictadura, y yo detesto las dictaduras. Para mí no importa lo que hagas como dictador, por el mero hecho de que seas dictador, te voy a detestar, no importa que seas de izquierda o de derecha. Tiene que ser escogido el individuo que nosotros queremos que nos gobierne, como mismo escogemos a Jesús o a Buda. Si hubiera un cambio en Cuba me gustaría regresar a ver qué pasó. Yo sé que el vuelo mío se quedó en otra dimensión, porque lógicamente al tú vivir tan lejos de esa patria, allí crecieron otras personas, con otra forma de ser, de pensar, pero son cubanos y el mero hecho de que sean cubanos es suficiente para que yo los adore. Algún día si Dios me da esa vida me gustaría llevarles un poco de mi inyección de alegría y optimismo, de lo que he aprendido aquí en este país libre, de oportunidades tan maravillosas. La vida es la evolución del espíritu y el espíritu evoluciona por medio de la bondad, de la comprensión y de la tolerancia si no existen esas cosas no vale la pena ni estar vivo.

¿De regresar que sería lo primero que haría?

Ir a la tumba de mi abuela, una bella mujer a la que admiraba mucho. Ella y mi madre me hicieron orgullosa de ser cubana, porque me di cuenta de que si Cuba dio mujeres como ella, vale la pena ser cubano. Nunca las vi con una palabra fea, siempre las vi llenas de dulzura, eran ese tipo de gente buena que está hecha con la fortaleza del cedro pero la dulzura del mango.


http://www.youtube.com/watch?v=L9K66Rf9tY8

Tuesday, February 24, 2009

GENEROSO JIMENEZ (1917 - 2007)





Cuénteme de sus orígenes.

Oyeeeeee tu sí que te fuiste lejos.
Yo nací en Cruces, cuando era provincia de Santa Clara. Un 17 de Julio del año 1917. El mismo día que murió un tío mío, hermano de mi padre, que se llamaba Generoso Jiménez García. Muriendo él naciendo yo. Los apellidos los mismos por mi padre y él que eran hermanos. La madre de mi padre era García y la madre mía era García también. Por eso soy Generoso Jiménez García.

¿Se dedicó a la música desde niño?

A los diez años fue que empecé a estudiar la música. Cuando yo tenía 7 años, nos mudamos para La Habana. Mi padre trabajaba allí en la compañía de Arquímedes Pous, una compañía del género bufo, de aquellas antiguas del negrito, el caballero, el gallego, el cocinero, la mulata y toda esa serie de desprestigios típicos de aquella época. ¡Aquello era un fenómeno vaya! Mi padre tocaba el trombón de pistones, mi tío la trompeta, mi abuelo el clarinete. Una vez a la semana daban un concierto en mi casa, donde iban los músicos sinfónicos y los músicos de la popular y yo filtrando. Entonces a los 10 años mi madre y mi padre se separaron y nos fuimos para Cruces otra vez con mi madre. El director de la escuela que me tocó, que era al mismo tiempo el maestro de cuarto grado, me dijo cuando yo me presenté, -no serás hijo de Pucho, y yo le dije -si ese mismo es mi padre. Eso me valió mucho, porque entonces me preguntó -bueno y que vas a estudiar, yo le dije -no sé, me gusta la música. En ese momento no me dijo más nada. Cuando se terminaron las clases por la tarde, llamó a uno de los discípulos Juan Castro Vásquez. Pero este Castro no tenía nada que ver con los de la orquesta, ni con esos Castros tan buenos que tenemos allá en Cuba. Y me dijo mira Castro te va a llevar a un lugar, ve con él. me llevó al lugar donde ensayaba la banda. Allí me inscribieron y empecé a estudiar el solfeo, y me dieron un instrumento raro de esos que no se usaba mucho y que nadie lo quería. Ese instrumento que me dieron se llamaba la trompa, sucedido por la trompa o el cuerno de metal mucho tiempo después. Todo el mundo quería tocar el clarinete, la trompeta, el saxofón. Luego pasé a tocar el trombón de pistones, figúrate yo pesaba 70 libras y el trombón pesaba más que yo.

¿Cuándo comienza a tocar en una orquesta?

Mi primer concierto lo toqué el 20 de mayo del año 1928 en Cruces. En el año 1935 perdimos al maestro que teníamos porque se fue para España. Nos juramentamos un grupito y empezamos a luchar solos, por nuestra cuenta. Seguimos estudiando con un libro y él que sabía más enseñaba a los otros, miren esto es así y así. Y en el año 1936 empecé a tocar con una orquesta.

¿En qué lugares se presentaban a tocar?

El primer concierto fue en la glorieta del parque de Cruces. También íbamos a los bailes del campo que eran un fenómeno. Empezábamos a tocar a las ocho de la noche y entonces como a las cuatro de la mañana cuando se estaban terminando, sentías un ruido, pa. Eran los soldados sacando candelita con el machete en el piso. Decían ustedes no se pueden ir, ahora vamos a bailar nosotros. Y teníamos que estar ahí hasta las seis de la mañana tocando y no pasaba nada, ellos eran los dueños del campo.

¿Qué otro instrumento musical estudió?

Mi aprendizaje fue largo. Empecé tocando la botija. La botija era como un porrón con un huequito, se tocaba como una flauta. Cuando llevabas tres minutos tocando eso ya tu sabes, tenían que recogerte medio muerto. Después tocaba la marímbula, que era una caja que tenía tres flejes arriba y tres abajo. Ya después el año 39 pase a tocar el trombón, pero ahí en la orquesta iba tocando otros instrumentos, la clave, la maraca.
Seguiamos luchando. Un grupo de músicos se fue a Cienfuegos , porque Cienfuegos para nosotros era como el Instituto, habían mejores músicos, mejores orquestas. Cuando tenía unos dieciocho años la directora de la orquesta me dijo -mira Generoso yo me voy para Cienfuegos, pero quiero dejar un plan. Tu facilidad de improvisar te ayuda mucho. Un primer o segundo año que estudies de piano y ya te puedes sentar a tocar. Entonces conseguí los libros y empecé a estudiar el piano, ella era la profesora. En su casa vivían otras dos mujeres graduadas de piano. Cuando no estaba ninguna de ellas tres allí, caminaba media cuadra y estaban las hermanas Masa y sino la profesora Figueredo. Tenía seis maestras, en un pueblo racista, y las seis profesoras eran blancas. Yo nunca luché contra el racismo ni nada de eso, a mi lo único que me interesaba era aprender. Entonces empecé a tocar el piano en la orquesta y me defendía bastante bien.

¿Cuándo forma su propia orquesta?

En el año 1939 formamos una orquesta y le pusimos “La rítmica del 39”, en Cruces. El flautista era Efraín Loyola, padre de José Loyola el musicólogo. El bajista se llamaba Orestes Aragón ¿le dice ese nombre algo? Y otros dos músicos de Cruces y Ranchuelos. Pero las cosas no nos iban muy bien. Nos daban diez centavos y el dueño de la plaza decía -yo les voy a dar 15 centavos para el pasaje. El pasaje de ida y vuelta costaba 60 centavos, así que figúrese usted. Los directores de la orquesta no ganábamos nada.

¿Cuándo se marcha para Cienfuegos?

Por esos años me salió un trabajo en Cienfuegos para tocar el piano en una academia de baile. Ya tu sabes lo que era eso ahí, ‘un prosti’. Entonces el violinista Gilberto La Rosa que era codirector de la orquesta me dijo -mira Generoso me ofrecieron en Santa Clara una plaza de violín en la orquesta sinfónica, pero con la condición que tengo que estudiar el chelo, y me consiguieron un cuarto y una tabaquería para trabajar hasta las 12 del día. Y yo le dije -bueno a mi me consiguieron una plaza para ir a tocar el piano en una academia de Cienfuegos. Así que reunimos la orquesta, y le dijimos -bueno miren muchachos, aquí sucede esto, a ver quien se quiere quedar con la orquesta. Efraín Loyola dijo que no le interesaba. Aragón saltó y dijo -bueno yo me quedo pero con una condición. Fíjate tú, poniendo condiciones y todo -si me das el repertorio. Yo era el arreglista de la orquesta. Y me dijo -como tu vas para Cienfuegos, haz alguna conexión ahí para que todas las semanas puedas ir a donde nosotros ensayamos para que nos sigas adiestrando, porque nosotros no conocemos nada, y así sucedió.

¿Qué recuerdos tiene de esa época en Cienfuegos?

Cuando estaba en Cienfuegos, por el año 1940 me salió un trabajo con un circo inglés, Blacaman, y me fui a pasear toda la isla. Era un espectáculo con setenta cocodrilos y treinta leones, pero el dueño del circo era más león que los leones. Recorrimos todo el país, por Guantánamo conocí a Lilí Martínez, al negro Bibar, eran unos muchachones. Cuando el circo paró en Varadero dije -que va me voy pa’ mi pueblo. Para entonces ya tenía como 30 discípulos. Un grupo de muchachos pudientes, que estudiaban todo en el Instituto de Cienfuegos, otros en los Maristas y otros estudiaban para contadores. Pusimos la academia en los bancos del parque. Yo hablé con el teniente de la policía, y me dijo -bueno escojan dos bancos ahí, pero no en el centro porque ahí se pasean los blancos solamente. Fuera del centro se paseaba todo el mundo y los negros se paseaban por la parte de afuera. El teniente de la policía me dijo -así ustedes me van ayudar, vamos a acabar aquí con esos problemas del blanco y el negro. Éramos un grupo de veinte y tantos: negros, blancos, pudientes, algunos que por la mañana tenían que ir al central a carretillar azúcar. !Aquello era un fenómeno! Luego entre ellos se reunió un grupo de blanquitos y me dijeron –Generoso vamos a formar un conjunto. Metí dos trompetas, el contrabajista, bueno aquello era más de una orquesta y cogimos el programa estelar en la planta de radio. Nos pagaba cincuenta centavos, entonces figúrese usted, no se podían repartir cincuenta centavos entre tanta gente.

¿Y cómo se las arreglaban?

Déjeme que le cuente, aquello no duró mucho. En la radio nosotros mismos nos anunciábamos. Un día íbamos a tocar un motivo afro que se llamaba “No quiero guerra” y un miembro de la orquesta, que era miembro del partido comunista, me dice –Generoso este número yo lo voy a presentar y se echó a reír. Yo le dije -¿qué será lo que tú te traes entre manos? Y en eso oigo que empieza a decir, ahora van a escuchar ustedes un motivo afro del capitán de la guerra libertadora de los comunistas de España, Julio Cuevas. ¡Abajo los americanos! ¡Viva el partido comunista! Ay mi madre que corre corre se formó, vino hasta el dueño de la planta. Al otro día nos reunimos y me botaron a mi. Habían 4 comunistas en la orquesta, pero no se metían con ellos porque les tenían un miedo. ¿Sabe que hacían ellos cuando votaban a uno? Se vestían de sandwiches, con un cartón por adelante y otro cartón por atrás y el cartón decía no entre a comprar aquí porque aquí votaron a un trabajador. Ya tu sabes tenían que reponerlo enseguida.
Cuando pasamos la cuenta teníamos nueve pesos para repartir, dice uno -vamos a regalarle un piano a Generoso. -¿Un piano? dije yo. No que va, esa carrera es muy larga, ya yo lo manoseo un poco, en Cienfuegos en la Casa de Empeño yo vi un trombón de vara que cuesta doce pesos. Había que conseguir tres pesos más. Entonces escribí a un discípulo mío de la orquesta y entonces él me mando un giro por cinco pesos y completamos los doce pesos. Con lo que sobraba alquilamos un camión y montamos la tumbadora, los bongos, y nos fuimos para Cienfuegos. Cada uno se fue para su clase y yo fui a la Casa de Empeño a sacar el trombón. Cuando regresamos montamos el camioncito, cogimos por la Calzada Dolores hasta la salida de la carretera que iba para El Millar, íbamos soplando el tubo, tocando y la gente atrás. Cuando llegamos a Cruce el teniente de la policía me dice, -¿Generoso que pasa aquí?. Y yo le dije -no chico mira los músicos me acaban de regalar un trombón. Y el teniente de la policía gritó ¡Qué siga la rumba!

¿Fue el primer trombón que tuvo?


El primer trombón de vara, porque antes había tenido trombón de pistones. Me convertí en estudiante. Eso fue por el año 1941 o 42. En 1943 se apareció el director de una orquesta de Cienfuegos a buscarme. -Generoso te necesito, vamos, coge los papeles y lo sigues estudiando allá. Tocábamos en el Club Cazadores, el que pertenecía la playa. Alternando con la Orquesta Hermanos Le Batard. El cantante de esa orquesta era para mi lo más grande que ha dado Cuba en cantantes blanco, Roberto Faz. Ese blanco era grandioso, era el mejor, no debía haberse muerto nunca, pero la vida es así.

¿Cómo entra en la Orquesta de Tropicana?

Armando Romeu, el hijo del director de la Banda de la Marina, estaba formando una banda para Tropicana, una Orquesta para tocar jazz nada más. Entonces Le Batard, que vivía en La Habana y ya estaba nombrado para ser integrante de esa Orquesta, le dijo -en Cruces hay un muchacho ahí que toca el trombón muy bien. Y me pasaron un telegrama para que fuera a presentarme. Caí en La Habana un 9 de Julio del año1943 en la mejor orquesta de jazz que hubo en Cuba en todos los tiempos. Ahí había un rubiecito que el padre le daba el dinero para que pagara la carrera de Derecho y él lo que pagaba eran las clases de trompeta y las clases armonía, se llamó en vida Arturo Chico O’Farrill. A ese le debo mucho, pero mucho y a Armando Romeu. Allí acabé de perfilarme. Como yo era campeón, esto es sin ninguna jactancia, improvisando la música cubana, con Arturo O’Farrril, con Bebo Valdés, y con Emilio Varona aprendí yo el problema de los arreglos. El ciclón del 18 de Octubre del año 1944 acabó con Tropicana, el presidente de la Republica era Ramón Grau San Martín. Entonces pasé a la playa. Allí el trabajo me lo dieron por la dualidad, porque necesitaban un pianista que tocara trombón. En Tropicana pagaban cuatro pesos y allí pagan nada más que dos pesos y había que empezar desde las nueve de la noche hasta las cuatro de la mañana.

¿Cuándo entra a la Banda de la Policía?

Un día me dice un músico de la orquesta -oye mañana la Banda de la Policía va a poner trombones de vara, así que a las 8 de la mañana tienes que estar ahí que te recomendé. Fui allí, figúrate me acostaba a las cinco de la mañana, no dormía nada. Me examinaron y el 1 de junio del año 1945 pasé a formar parte de las Fuerzas Armadas como Subteniente de la Policía y trombón solista de la Banda de Música de la Policía Nacional. Estando allí podía trabajar en cualquier lado, pero primero era la banda. Ese trabajo me duró dieciséis años y medio, hasta el año 1961. Ya la Castro fobia y la candela estaban ahí asomándose.

¿Qué otros trabajos hizo paralelos a la Banda de la Policía en eso años?

Trabajaba en CMQ Radio. Ahí le hacía arreglos a Cascaritas, a Bola de Nieve, a las
D’Aida. Después tuve un problemita ahí y me fui y caí en la Cadena Azul de radio con la Orquesta de Bebo Valdés, tremenda orquesta. Trabajaba también con la Orquesta de Arturo Chico O’Farrill, y con la Orquesta de Obdulio Morales, uno de los musicólogos más grandes que ha dado Cuba, pero nunca se habló nada de él.

¿Cómo conoció al Beny?

Beny Moré debutó en La Habana en la Cadena azul de radio. Allí fue donde lo conocí. El llegó a Cuba pero en La Habana no conocía a nadie y entonces se fue para Santiago. Allí conocía a Mariano Mercerón. Después le pasaron un cable para que viniera a la emisora. Ya había impactado en La Habana “Mucho corazón”, ese fue el primer número del Beny que pegó en Cuba. En Julio viajé a los carnavales de Santiago con la Banda de la Policía. Seguí en la Banda hasta el año 1953. Cuando Beny formó su orquesta yo no fui integrante. Yo entré en el año 1955. Fui con él a Venezuela en varias ocasiones, en el año 1956 y 1957, y a Panamá.

¿En esos años sale “Generoso que bueno toca usted, Castellano que bueno baila usted, Beny Moré que banda tiene usted”?

En el año 1956 fue que surgió ese número para que usted lo sepa. Venezuela fue la madre patria de esa canción. Fue un número hecho a base de improvisaciones. Resulta que la Orquesta que fue a Venezuela, llevaba siete músicos nuevos. Cuando llegamos Beny me dice -bueno hay que hacer un programa de radio, ¿qué hacemos? Nos reunimos y escogimos seis números. Cuando los hicimos faltaban todavía como diez minutos para que se terminara el programa. -Bueno vamos a hacer una cosa, una descarga, a improvisar se ha dicho. Todo el que sepa improvisar que lo haga, Beny se viró para el pianista que era Felipe Yánez, el murió aquí en Estados Unidos hace años, y le dijo -arranca. Y arrancó con el tumbaíto ese Castellano que bueno baila usted. Castellano era el utilero de la Orquesta y bailaba muy bien los bailes de la época aquella, Generoso que bueno toca usted, Beny Moré que banda tiene usted. Hasta que uno grito ¡se acabó el programa! El público bailando, los camarógrafos bailando, ya tu sabes. Cuando llegamos al local donde teníamos que trabajar de nuevo, de entrada nada más ya le decían oye Beny oímos el programa, toca ese machacaíto Castellano que bueno baila usted.

¿Cuando triunfa la revolución están en Venezuela?

El 31 de Diciembre de 1958, nos agarró el triunfo de la revolución haciendo un baile en Miami, en el hotel Lido. Era dedicado a todos los exiliados políticos de la América Latina. Yo era oficial de la policía y estaba metido en eso, imagínese usted. ¡Y la candela ya estaba asomándose ahí! Yo estaba dirigiendo la orquesta. A las doce de la noche, a tocar el himno nacional de Cuba. Beny me dice -compadre, tóquelo usted ahí. Cuando terminamos de tocarlo, viene un hombre y me dice -oye directorcito, ahora el himno del 26 de Julio, le dije -yo no se lo que eso chico. Entonces subieron al escenario como cinco personas y empezaron a desenrollar una bandera que llegaba mas allá de la mata de palma aquella. Beny me miraba como diciéndome ¡ten cuidado Generoso! Se terminó el baile y nos fuimos para la playa. Cuando regresé me estaba esperando Beny como a las 5 ó 6 de la madrugada y me dice -compadre, ¿sabe la última noticia? Batista huyó, esta en Jacksonville. ¿Usted regresa pa’ Cuba? Yo le dije -eh! y porque yo no voy a ir, si yo no me he metido con nadie allá. Beny me dijo -bueno pues yo no voy yo me quedo aquí. Entonces como a los tres días fue que partimos para Cuba en el ferry. Yo traía al lado uno vestido de verde olivo, porque cuando vieron mi pasaporte que decía teniente de la policía dijeron -¿y este que hace aquí? -Ese es músico chico, les dijeron. ¡Óyeme candela! Cuando llegamos a La Habana una señora que venía con una niña, paró un carro. Iba por la Vía Blanca, así que a mi me servía también, porque yo vivía en San Idalecio entre Vía Blanca y Agua dulce. El tiro estaba civil y La Habana estaba oscura. Al otro día cuando me levanté me dijeron que estábamos acuartelados, me presenté, caí preso y ya tu sabes todo el lío. Hasta que después me dieron la libertad, pero no me daban la baja de la banda y así estuve hasta el año 1961 en que fui licenciado, salí de la banda y dejé de ser policía.

¿Luego trabajó en Radio Progreso?

Yo estaba trabajando en Radio Progreso en la Orquesta que dirigía Manolo Castro. Pero un comuñanga grandioso que trabajaba ahí, no me acuerdo ahora como se llamaba, me dijo -óyeme chiquito mañana hay que ir a cortar caña. Y yo le dije -¿a qué, a cortar caña? No chico, la caña que la corte el viento con su movimiento. Así que me tuve que ir de ahí. Caí en Las Vegas de director de un conjunto, tocando piano, a los seis meses me dicen -oye te toca la guardia hoy, desde las seis de la mañana hasta las doce de la noche, les dije que no que yo no hacía eso. Ya tu sabes empecé a caer mal.

Cuénteme sobre la grabación de su disco “El trombón majadero”

Ese disco lo hice en 1965. Resulta que atrás le pusieron Orquesta de la EGREM. Yo no aparecía por ningún lado, ni la orquesta que era mía. Fui a ver al director de la EGREM que era hermano de Roberto Fernández Retamar y metí un bateo tremendo. Entonces lo arreglaron y pusieron Generoso director de la orquesta.

¿Con qué músicos trabajó en ese disco?

Músicos no muy conocidos Horacio Gómez, el pianista era El ñato, Juan Castro en el saxofón. Era una orquesta de Radio Rebelde pero que después los votaron a todo por gusanos. Cuando me llamaron a mi, dijeron, -nos botan a nosotros y traen al rey del espectáculo. Pero la juventud del partido, que era la que mandaba fue la que dijo -tiene que ser Generoso, porque Generoso dirige música cubana, música sinfónica y música clásica.
¿Hasta cuando trabaja en Radio Rebelde?

Estuve dos años y medio allí, después me botaron de Radio Rebelde porque fueron a verme para que yo fuera a los países socialista en representación de Cuba, y yo acepté, pero me dijeron tienes que ir vestido de miliciano. -¿Cómo, vestido de miliciano? No yo no voy. Entonces me botaron de ahí y ya tu sabes a comer candela con 5 hijos, a pasar trabajo, a vender vela o lo que apareciera, lo que pasé para que te lo cuento.

¿Como logra salir de esa difícil situación?

Un día Amaury Pérez, el esposo de consuelito Vidal, me dijo -óyeme Generoso te vengo a buscar porque necesito que vayas a Santiago de Cuba a dirigir una orquesta. Yo le dije -pues mira que yo no tengo ninguna orquesta. -Bueno pues vamos a ver si tienes o no tienes orquesta, me dijo él. El presidente de la televisión era el comandante Serguera, que era candela, ese que lo tenían desaparecido y ahora ha salido otra vez. El le preguntó a Amaury que era lo que quería y le dijo -ya está hecho que se lleve los músicos. Entonces regresé con una carta de cultura de allá de Santiago. Tuvieron que reponerme de nuevo, pero como músico no como director, y ahí estuve hasta que pude jubilarme.

¿En que año se jubila y qué haces después?

Tenía que esperar al año 1977 para poderme jubilar del ICRT. Un compañero mío de la banda que estudió derecho, me dice -¿te quieres jubilar? bueno mira yo te voy a cobrar tanto. Presentó los papeles míos por el municipio de Centro Habana, no por el ICRT porque sino no me la daban. Al año siguiente me llegó la orden del retiro. Desde entonces ya tu sabes, muerde por aquí, toca por allá. Me pasé seis meses tocando piano en la playa, en el sector turístico de las playas del este, en Santa María, en Bocaciega, en los hoteles. Como el director de allí era medio que se yo que se cuando, pues ya tú sabes no pasaba nada. Allí viviendo la vida, pero me enfermé y tuve que dejar ese trabajo. Seguí haciendo arreglos, orquestaciones y recibía 250 pesos todos los meses de la jubilación.

¿Por esos años lo dejan viajar fuera del país?

Primero se me presentó salir del país pero no me dejaron salir. Entonces en el año 2003 me mandaron a buscar de Italia y me dejaron ir. Yo dije -¡eh! ¿y esa buena voluntad de quién es? Después me enteré que allá en Italia tuvieron que depositar 50 mil dólares por si yo me quedaba y cuando llegé a Italia vi que me esperaba un hombre que después en el hotel, hasta dormía en la cama conmigo. ¡Aquello fue un fenómeno! Cuando regresé a Cuba, Tony Cortés, un gran artista, me dice -óyeme vamos a dos islitas ahí conmigo, a Guadalupe y Martinica. Yo le dije -¿tú crees que me dejen salir?. Y Tony me dijo -ven mañana al ensayo. Llegé al ensayo y me encontré al presidente del Instituto Cubano de la Música, que iba también al viaje, acompañando a su señora. En el avión me dice -eh Generoso qué pasa, no tu asiento es este, aquí al lado mío. A mi me dan ganas de reírme todavía chica. Pío Leyva iba sentado al otro lado y me miraba y se reía. De regreso para La Habana Pío Leiva me dice -Generoso, tu asiento es este, aquí conmigo. Compramos dos botellas de whisky y fuimos tomando whisky hasta que llegamos a La Habana.

¿“Generoso que bueno toca usted” fue grabado en Cuba?

Ese disco lo hice con Juan Pablo Torres en el 2002 en Cuba. El vivía aquí ya, pero iba escondido a Cuba. Lo hicimos en los estudios Abdala. Había que dejar el espacio en blanco para solo de Paquito D’ Rivera. Había que dejar también el espacio para Arturo Sandoval y el espacio para el improvisador. Se le puso el coro y todo. Paquito lo completó después en New Jersey y Arturo en Miami. Y el solo de piano lo hizo Rubalcaba, el padre. La mezcla se hizo en Alemania. Y yo era el Errol Flynn de la orquesta.
¿Cómo viene para Miami?

Cuando salí de Cuba yo sabía que me iba a quedar pero fíjate, yo estoy aquí y todavía yo no sé como es que yo estoy aquí, no sé. Resulta que surgió un individuo que quería hacer unos discos de Beny Moré y me mandó a buscar a Cuba, entonces se hizo la diligencia y vine para hacerle los arreglos de esos discos.

¿Qué trabajos ha realizado en estos cuatro años aquí en Estados Unidos?

Hice un concierto con Paquito D’ Rivera en New Jersey, uno con Willy Chirino, con Oscar de León. Hice uno con Cachao aquí en Miami, que vino como invitado Andy García. Fui a Nueva York a hacer una descarga. Trabajé en un disco con Emilio Estefan, haciéndole ocho compases de escala. Así me he ido defendiendo.

¿Sus padres murieron en Cuba?

Mi madre murió en Cuba, antes de cumplir 92 años. Y mi padre murió en un accidente en Vía Blanca, en La Habana. Tenía 72 años, lo arrolló un cheep del Ministerio de Educación. Iban vestido los tres de milicianos y con la luz apagada. Fue en el mismo año que murió Beny Moré.

¿Dejó algún hijo en Cuba?

Tengo seis hijos. Cuatro aquí en Estados Unidos y me quedan dos allá en Cuba.

¿Qué es lo que más echa de menos de La Habana en que usted vivió?

La vida nocturna. En esta ciudad no hay eso chica, no hay ni aunque sea un solo cabaret de verdad como “Los aires libres” frente al Capitolio. Aunque ahora en La Habana la mitad de los lugares buenos son área dólares y bien caros, igual que las tiendas esas que le dicen ‘la shopping’. Cuando yo estaba en la orquesta de Tropicana, con Armando Romeu, con Chico O’Farrill, con Daniel Pérez el baterista, con Chucho Hernández el bajista y con Alba Marina, nos quedábamos tomando cubalibre en la glorieta del parque de Tropicana. Todos los días ensayábamos, levantábamos pesas, y luego por la noche nos reuníamos, comíamos y salíamos. En La Habana se podía vivir. Te estoy hablando de los años treinta y cuarenta. Una libra de arroz te costaba 10 centavos, una libra de bistec 10 centavos, una lata de chorizos El Miño te costaba 2.50 y traía 25 chorizos en manteca. Tu ibas a una tienda de ropa y te enseñaban el muestrario. Escogías y entonces dabas 5 pesos de entrada por cada traje. Costaban 15 pesos, ibas pagando dos pesos semanales. ¡Yo tenía 12 trajes! Eso pantalones que se usan ahora, jeans, a eso le decíamos de mecánicos. Y cuando entré a la Banda de la Policía ahí pedía un vale por 60 pesos y compraba los zapatos Amadeus, de dos tonos, blanco y negro y blanco y carmelita, picoteaditos. Y de charol. ¡Que elegancia! Esos que ahora se están usando otra vez. ¡Y los perfumes caballero! Yo por la mañana cuando me levantaba para ir a la Banda de la Policía me echaba uno que se llamaba Charlie o Atkinson, eran de Londres. Por la tarde me echaba Etiqueta verde, un pomo te costaba 9 pesos pero era casi un litro. Los pañuelos seguían con el olor después de lavarlos. Y por la noche usaba un perfume de mujer, pero yo les decía a mis amigos -si pero lo trae un hombre puesto, cuidado con eso. A media cuadra se sentía el olor.

¿Cuál es el trago que más le gusta?

A mi lo que más me gusta es el aguardiente de caña, pero el cubano, el puro, no esos otros con sabor a anís. Después el ron Bacardi Carta Blanca, y lo tomo como sea, porque esos añejos con esas mezclas a mi no me gustan. Yo me di el primer trago de aguardiente de caña cuando tenía 7 años, con mi padre en La Habana. Cuando me fui para el campo y entré en la Banda de la Policía en el año 1945, ya usted sabe, eso era todos los días, pero nunca cogí una borrachera de caerme, ni nada de eso. El trago tiene una cosa cuando usted se va a tomar un trago que lo va a asquear no se lo tome porque ya de ahí empieza a sentirse mal.

¿Y le gusta la Guayabita del Pinar?

¡La Guayabita del Pinar! ¡Ay mi madre! La seca, la seca.
¿Para usted quién es el músico más grande que ha dado Cuba?

Lo más grande que ha dado Cuba es Beny Moré.




Monday, February 23, 2009

CACHAO (1918 - 2008)




Partitura original de un mambo por Cachao y su hermano Israel López.

El contrabajo es Cachao

Cachao usted nace en La Habana.

Yo nací en La Habana, en la casa de José Martí. En la calle Paula número 102, en el año 1918. Toda mi familia vivía ahí, mis padres y mis dos hermanos, Orestes y Coralia. Todos los años el 28 de Enero había que abandonar la casa para que desfilaran los colegios. Yo fui el último de mis tres hermanos que nació ahí. El gobierno nos mandó a mudar en el año 1919 para declarar la casa monumento nacional. Mis padres pagaban en esa casa ocho pesos de renta al mes. Cuando nos mandaron a mudar, nos dieron 700 pesos, eso era mucho dinero en aquella época. Fue entonces cuando nos trasladamos a vivir a Guanabacoa, y ahí fue donde yo crecí. En Guanabacoa viví hasta el año 1930.

¿Por qué Cachao?

Cachao, mas bien es un apodo, mi bisabuelo era andaluz y andaba siempre con el cachondeo ese típico de los andaluces y un día me dijo Cachao y desde ahí se me quedó el Cachao para siempre. Ahora a mi sobrino que esta en Cuba también le dicen Cachaito.

¿Cuáles son sus primeros estudios musicales?

Comencé como percusionista, y estudiando el contrabajo, al año ya tocaba el contrabajo, tocaba la trompeta y el tres. Después estudié piano y lo terminé, y muchas veces lo toque aquí y en La Habana. Con Machito grabé en el piano, pero mi instrumento preferido siempre fue el contrabajo y en mi familia todo el mundo tocaba el contrabajo.

¿Cuando tuvo su primer contrabajo?

En Cuba, en el Machadato, cuando ‘nada valía nada’. Se lo compré a Barroso el cantante, él tenía un grupo y cuando quitó el grupo me lo vendió a mi por treinta pesos, y ahora vale mucho más. Está asegurado en una compañía de seguros, pero creo que lo voy a regalar a un museo, aunque si se pone mala la cosa, yo lo siento mucho mi hermano, lo vendo. Pero ya no se puede ni trabajar con él, ya tiene la madera muy débil, de cualquier golpecito se hace leña.

Cachao el contrabajo está presente en los tres formatos instrumentales más importantes de la música cubana. ¿Es un instrumento imprescindible? ¿Es difícil tocarlo?

El contrabajo es un instrumento básico y rítmico a la vez. Es como cuando usted construye un edificio, que sin la base, sin la zapata que le llamaban no puede construir el resto del edificio porque no tiene donde aguantarse. En el contrabajo se apoyan todos los demás músicos. Es el verdadero sentido de este instrumento en la música. La orquesta hace cualquier cosa apoyada en su base, es muy básico sin el la orquesta no suena. Es un instrumento muy difícil, para tocarlo bien por lo menos veinte años de estudios y ocho horas diarias. Y bastante fuerza para cargarlo también. Ya yo no lo cargo.

Y usted lo empieza a tocar desde muy joven.

Sí, empecé a tocarlo cuando tenía ocho años, en el año 1926. De niño me tenía que subir en un cajoncito para poder alcanzar tocar el contrabajo. El primer trabajo que hice yo, fue con un septetito de niños, el cantante era Roberto Faz, él tenía 14 años. Ya su voz estaba desarrollada y cantaba muy lindo. Entonces en el año 1927 empecé a trabajar en el teatro Carral de Guanabacoa, cine silente. Ahí trabajaba poniéndole sonido a las películas, tocando la música adaptada. Si cantaba una mujer, el violinista hacía el sonido, si cantaba un hombre lo hacía el saxofonista, los efectos de disparo se hacían con la batería y así. En el teatro Carral estuve hasta el 1930 en que ya llegaron las películas sonoras. Y ahí terminamos todos los músicos que estábamos en eso y tuvimos que ir adaptándonos a la fiesta. En esos años en el teatro Carral trabajé con Bola de nieve. El único que ganaba dinero ahí era él y el flautista, un peso cada uno. Nosotros no ganábamos dinero, trabajábamos de gratis, por practicar. Eso fue muy bueno porque después entré en la orquesta Filarmónica, ese fue el sello. Era una orquesta más seria y tuvimos que examinarnos. Y desde el año 1931 hasta ahora estoy tocando con distintas orquestas, más de docientas, no me acuerdo del nombre de todas, de las principales si.

¿Cuáles recuerda de Cuba?

La orquesta Filarmónica, en la que empecé a los doce años. Trabajé con una cantidad muy grande de músicos en la orquesta Filarmónica durante 30 años, del 1930 al 60. Con la orquesta del maestro Tomás Corla, con la orquesta de Hawai, había que ponerse un collar de flores, cosas de muchachos. Toqué con la orquesta Fantasía. Con muchas orquestas provisionales, no eran orquestas de lujo ni nada de eso. Ya yo tocaba con algunas orquestas típicas, como la orquesta del señor Marcelino González, un cubano hijo de españoles, que después se hizo médico. En 1932 cuando salí de la orquesta de Marcelino estuve con a la orquesta de Ernesto Muñoz. El cantante era Abelardo Barroso, estuve con ellos hasta el 34 cuando empecé con la orquesta de mi hermano Orestes López. Después en el año 1935 empecé a tocar con la orquesta de Antonio Maria Cruz, luego en la Academia del Antillano, que estaba entre la calle Zanja y Chávez, era una academia para enseñar a bailar a la gente. Después trabajé en otra Academia El Polo. La gente pagaba diez centavos por cada pieza, las piezas no duraban más de dos minuto, así que tenían que llevar un dólar para poder bailar diez piezas. Y en el 1937 empecé como fundador de la orquesta de Arcaño y sus maravillas hasta el 49, once años. Ese mismo año inauguramos el teatro Blanquita, creo que ahora se llama Carlos Marx. Con la orquesta del teatro Blanquita, que era una orquesta de 50 músicos, acompañábamos todo tipo de revistas musicales que venían de afuera, que venían de Broadway. La primera que acompañamos fue la del Lowe art, luego las italianas, mexicanas, francesas y las últimas las cubanas. También trabajé con la orquesta Sinfónica y con orquesta de Zarzuela y Opera, acompañé a Renata Tebaldi, a Mario del Monaco, acompañé a Pepita Embil la madre de Plácido Domingo con el maestro Federico Moreno Torroba, el autor de Luisa Fernanda, a el maestro Vives y a todos los que hacían la temporada de zarzuela en La Habana. En el año 1957 inauguramos el hotel Riviera y ahí estuve hasta el año 1962.

Había mucha vida musical y nocturna en la Cuba de aquellos años.

Solamente en La Habana, en La Rampa, habían como unos 82 night club, además de los hoteles principales, El Capri, El Riviera, El Hilton, que ahora creo que se llama El Habana libre, el Nacional, El Gato tuerto, El Monseñor.

¿Y en el campo?

Los músicos siempre hemos sido muy alegres. Yo he tocado hasta en una carreta de bueyes en Matanzas, en Arabo. Todos los músicos aguantando el instrumento y dándole a los bueyes con la varita. Los bailes que se hacían en el campo eran muy famosos. El novio llevaba a la novia con la familia, iba hasta el perro, a los bailes. Había momentos en que tenían que suspender el baile porque los perros se fajaban en medio de la gente bailando, era muy simpático.Y el novio tenía que llevar mucho dinero porque tenía que pagarle la comida a toda la familia, al otro día tenía que salir a pedir dinero prestado. Las mujeres tenían unos carnet o tarjetitas en las que se anotaba con una rayita lo que usted quería bailar con ellas, foxtrot, pasodoble, o el baile que fuera y ya después ella no se podía negar. Era como un contrato. Ya se acabó todo eso, se acabó la elegancia. En los bailes los guajiros nos decían -hasta que el sol no asome el cholito por ahí ustedes no se van y eso pasaba a las 9 de la mañana o nos decían -hasta que el tren no pase y el tren pasaba a las siete de la mañana y había pasado el día antes a las nueve de la noche, casi doce horas seguidas tocando y no podíamos decir que no porque los guajiro nos decía –a dónde van ustedes, cuidado y tenían el machete en la mano. En las provincias nos pagaban seis pesos para cada uno. En La Habana los bailes eran más baratos. A veces te pagaban dos pesos, pero la vida era más barata, por diez centavos habían tres platos, dos hechos y uno a la orden y había quien no tenía esos diez centavos. Yo hacía siete trasmisiones diarias en la radio para llevar 70 centavos a la casa.

¿Cómo les surge la idea del ritmo del mambo a usted y su hermano Orestes?

Inspiración, no sabe uno cuando viene, a veces uno se pone y no saca nada y cuando menos se lo espera ahí viene. Antiguamente teníamos siempre una libretita para cuando se nos ocurriera algo escribirlo. Mi hermano vivía a una cuadra de mi casa, cuando empezamos con eso a nadie le gustaba, decían -que rápido se baila eso y la verdad es que nadie lo podía bailar. Entonces le reducimos la velocidad, y lo hicimos mambo-danzón. Cuando Pérez Prado lo agarra le vuelve a poner una velocidad enorme. Lo que hay que agradecerle a Pérez Prado es que si no es por él, el mambo no se conoce en el mundo entero. El lo internacionalizó, es la verdad. Por ahí se supone que éramos enemigos, no hay tal enemistad. Yo trabajé con el en España. En una de sus giras que venía de Japón a Madrid, se le enfermó el contrabajista, él me llamó y trabajamos juntos en la radio, eso fue en el año 1962. De ahí él regresó a México donde murió. Creo que él era un año mayor que yo. Te cuento algo, él se quedaba dormido como nada y un día cuando trabaja en el cabaret Cursal, se quedó dormido con el dedo tocando una nota, y el ingeniero buscando de donde seguía saliendo ese ruido, hasta que se dieron cuenta que era Pérez Prado que estaba dormido.

Su hermano Orestes tenía una formación musical increíble.

Mi hermano Orestes tocaba como diez instrumentos musicales, chelo, violín, contrabajo, piano, guitarra, trompeta, saxofón, etc. y todos los dominaba muy bien.

Usted trabajo con Generoso Jiménez en 1957.

Sí, en las primeras descargas de esos años, con Generoso, con el negro Bibar, con Barreto, con Gustavo Tamayo, con Tata Guines y muchos más.

¿Por que le decían El Tojo a Generoso?

Le decían El Tojo porque había un general en la segunda guerra mundial que era japonés que se llamaba así y Generoso cuando era jovencito tenía los ojos como un chino. Un día comenzaron a decirle Tojo y se le quedó. Generoso era teniente de la policía, él y mi hermano Orestes eran compañeros de la orquesta de la policía.

Usted viaja en muchas ocasiones a Estados Unidos antes de 1959.

Sí, yo empecé a viajar a Estados Unidos desde el año 1948. Venía pero no a tocar porque aquí la Unión y el racismo eran muy fuertes. No se permitían músicos extranjeros, el primero fue Aspiazu, después Mario Bauzá y después Socarrás. Recuerdo que cuando estuve en Miami el año 1948, pedí una Coca cola en una cantina, ellos no se negaron a servírmela, pero cuando les devolví el vaso vacío lo tiraron en la basura y dijeron -aquí tomo un negro. En los hoteles teníamos que comer en las cocinas, no podíamos comer dentro del restaurante. En Cuba también el racismo era muy fuerte. En Santa Clara los negros tenían que pasear por fuera del parque y los blancos por dentro. El negro solo podía llegar a ser suboficial de la policía. Una sola barra, hasta ahí no mas llegaba usted como militar si era negro. El que acabó con eso fue Batista.

¿Por qué decide irse de Cuba?

Para mi lo más importante ha sido siempre la música. Yo no soy militar, no me gustaba ese régimen y nunca fui ni a la guerra del pan duro.

¿En qué año sale definitivamente de Cuba?

Viví en La Habana hasta 1962, que fue cuando salí para España, con un contrato de trabajo, donde estuve un año y medio con la orquesta del maestro Ernesto Duarte. Madrid era la base y de ahí salíamos a trabajar a todos los lugares de España. Después me trasladé para Estados Unidos en el año 63. Primero viví en Nueva York, diez años y luego en Las Vegas nueve años. En Nueva York pasé mucho frío. Cuando llegué Las Vegas habían nada mas que 42 hoteles. Había todavía mucho desierto y tormentas de arena, se ponía como si fuera de noche, no se podía ni respirar. Si te cogían fuera de la casa en el carro, tenías que cerrar el carro y ponerte a rezar para que eso terminara. Ahora ya no hay, hasta las dunas estas pobladas. En Las Vegas trabajé en la compañía Latin Fire, que dirigía Manolo Torrente, era un grupo de muchachos latinos todos. Ahí estuve dos años, trabajé en casi todos los hoteles, el Hilton, el Tropicanay terminamos en el hotel La Hacienda. Eran hoteles teatros. Hasta 1978 en que me trasladé para Miami.

En Estados Unidos ha trabajado con todos los grandes músicos y orquestas.

Llegué el 21 de octubre de 1963. El día 22 de Noviembre de ese año mataron a Kennedy. Estábamos grabando nosotros cuando tuvimos que suspender la transmisión. La primera orquesta con la que trabajé fue con la de Charli Palmieri. Y ahí empecé a trabajar con todas las demás orquestas. Con la orquesta la de Fajardo, con la orquesta de Pacheco, con la que había tocado en la Feria Mundial del 54, con los dos Titos Rodríguez y Puentes. Con Tito Puentes hacía trabajos esporádicos, él y yo nada mas, nos presentábamos tocando solos. Con Ismael Rivera, Eddie Palmier y Vicentino Valdés. Con la orquesta de Machito, que el director era Mario Bauzá. Llevo 80 años tocando porque empecé a tocar desde muy joven, a los 8 años y ya voy a cumplir 89 años, así que he tenido la suerte de trabajar con todos los grandes músicos, primero en Cuba y luego aquí en Estados Unidos.

¿Cachao regresaría a tocar en Cuba?

A tocar y ayudar si hay que hacerlo sí, yo voy con mucho gusto, pero no creo que por ahora se pueda hacer mucho más. A estas alturas ya hay muchos muertos sin necesidad, el pueblo y la familia están divididos, un hijo denunciando a un padre, un padre denunciando a un hijo. Creo que con eso ya no se puede hacer nada. Quedamos en la página dos, casi cincuenta años es demasiado tiempo.

Sunday, February 22, 2009

BEBO VALDES






Foto de Ana Bolivar







Foto de Tony Ladberg



¿Qué recuerdos guarda de sus padres?

Tengo los mejores recuerdos que puede tener un hijo de sus padres. En la época en que yo nací, en 1918, las cosas eran diferentes, la educación de la familia era completamente distinta de lo que es ahora. Mis padres me enseñaron que la familia está ante todo, la madre, el padre, los hermanos, los hijos. La familia es por lo que debe luchar el hombre, y trabajar mientras viva y tenga fuerza. Ya voy a cumplir 88 años, hay que ser realistas, el cuerpo se desgasta y eso no lo puede reponer nadie, ya no estoy en perfecto estado de salud, pero mientras no esté en cama sigo trabajando.

¿Y sus recuerdos musicales más tempranos?

Yo empecé oyendo al Septeto habanero y a Miguel Matamoros, a principio de los años 20. Mi madre tiraba pa’ España y mi padre tiraba pa’ Cuba. Así que me crié, crecí entre esos dos gustos. Hasta que empezó Machin, con mucho éxito, por los años 20, y empezaron también los danzones de Antonio Maria Romeu, por el 1925 o 26, recuerdo que fui con mis padres a verlo. Desde niño me gustaba mucho la música. Yo tocaba y cantaba de segundo con un grupito de la escuela. Se dice que un día me senté en el piano y toqué toda la noche, y que al otro día yo ponía piedras en el suelo y que cantaba un danzón y tocaba la piedra como si fuera un piano, pero yo no recuerdo de eso absolutamente nada, es lo que me contaron. Parece que nací músico, como mi hijo Chucho. Un día llegué a la casa y lo encontré, a los 4 años tocando solo, pero tocando bien, y con la mano izquierda, que es muy poco lo que se toca de afición.

¿Incursionó de joven en el boxeo?

Sí. Pero eso fue porque yo era muy fuerte y era muy amigo de un boxeador que vivía a dos puertas mías, y él me llevaba. Muchas veces me puse los guantes, unos señores guantes de 10 ó 11 onzas, que no son iguales a los otros de 4 ó 6 onzas que sí te rompen la cara. Pero igual te marean, y también te pueden noquear y tumbar. Ahí cogí mis golpes y peleaba por un par de pesos, y aprendí. Esa es la vida, muchos caminos.

¿Qué parte de Cuba lleva consigo?

Quivicán, el pueblo donde nací y La Habana que yo conocí.

¿Cuándo se muda de Quivicán para La Habana?

Desde el 30 y pico me mudé para La Habana. Ya tenía dos hermanas que estaban viviendo en La Habana, una de ellas era muy amiga de Sindo Garay. Primero viví en un hotelito, tu pagabas 5 ó 10 centavos y te daban una cama, era un cuarto que tenía 30 ó 40 camas y lo que podías hacer era quitarte los zapatos y ponerlos arriba de la cama y dormir con la ropa puesta, para que no te la robaran. Así dormía, así era La Habana que yo conocí, pero no nos quejábamos. Luego ya me traje a mi madre y a mi hijo Chucho, que estaba chiquito, y a su madre.

¿Sus primeras presentaciones musicales fueron en El Faraón?

Yo empecé a tocar en El Faraón en el año 43. Pero en realidad empecé a tocar en los años 30, por la calle. En esa época nos parábamos en la esquina del sindicato, allí los músicos nos poníamos en cola, para ver que ‘fulano’ faltaba hoy y si hacía falta alguien para tocar en algún lugar. Sí tenías que ir a la playa de Marianao te daban un peso por tocar, desde las diez de la noche hasta las 4 ó 5 de la madrugada. Y en la radio nos daban 10 centavos, íbamos a tocar a dos o tres radios en el día, las que se pudieran. Orquestas establecidas había muy pocas, la de Antonio Maria Romeu, la de los Palau, la de los Castros.
En el año 37 yo estudiaba en el Conservatorio de música “El Morro 3”, cuando estaba ubicado en una residencia detrás del Palacio Presidencial, que era de José Miguel Gómez el que fue presidente, era una local muy bueno para un conservatorio, antes de eso estaba en la calle Reina. Ahí nos metíamos todos los pianistas que tocábamos jazz y música cubana, y se formó un grupito de jazz. Así empecé como pianista en una ‘orquestica’.
En el año 43 estando en el sindicato llego Obdulio Morales y me preguntó con quién tocaba, hasta ahora no tengo a nadie -le dije- y me invitó a tocar con él. Era en un lugar que estaba en la calle Aguila o Galeano, y ahora no recuerdo su nombre. Era un lugar muy famoso, donde las muchachas bailaban por dinero y el ticket costaba unos 10 centavos. Había que tocar toda la noche. Un músico que tocaba ahí me dijo, tú no debes tocar aquí. Ve a donde está Curbelo que le hace falta un pianista, y me dieron una carta para él. El primer día que fuí a buscarlo no me dejaron pasar, me dijeron que yo no estaba muy bien preparado. Después ya lo pude ver y me dijo, ven pasa y toca conmigo, luego me pregunto -¿con quién tu tocas?- pues con el que me venga a buscar, le dije. Me contó que le hacía falta un pianista y que me podía pagar 2 pesos y 15 centavos para el pasaje o para una ‘frita’. Para mi eso fue tremendo, ¡60 pesos al mes! Ahí tocaba todos los días, en ese tiempo no existía eso de descanso, el día que no ibas a tocar no ganabas. Así era la Cuba que yo conocí, en que yo me crié y en la que yo toqué, por eso es que estoy acostumbrado a luchar, así que hoy en día todo me parece muy fácil.
En el año 45 Curbelo tuvo dificultades. Y Curbelo se portó como se portan los verdaderos amigos, casi lo botan. Todo fue por culpa de un individuo que no quería trabajar conmigo. Curbelo le dijo búscame un hombre que tenga 24 años, que no fume y no tome y toque el piano así, sí tú tienes otro, tráemelo.
En general esa fue una etapa muy linda, por lo menos esa intriga entre músicos, que después existió, no la había. Cuando no teníamos algo, nos ayudábamos en lo que podíamos cada uno.

¿Sale de Cuba en el año 60?

Sí, salí a México, ya había estado en Haití y en México 2 ó 3 veces antes, por eso es que voy a México, porque ya lo conocía bien. Tenía muchos amigos allá, era muy amigo de Tongolele, y le había hecho arreglos para sus películas. De ahí me fuí a Los Angeles y debuté en el Million Dolar, que era propiedad de un amigo mío que había sido aviador y que había estado en Cuba en el año 40. Luego me lo encontré en México y me dijo -te mando un contrato- y me lo mandaron y me fuí para Los Angeles. Ahí estaban Celia, Olga Guillot, la Sonora Matancera, y muchos de los músicos que nos fuímos de Cuba, por problemas que ya no eran sindicales, ya no estábamos de acuerdo con el gobierno.
Luego me fuí un tiempo a España, y de ahí a Suecia. Y cuando bajé en Suecia me encontré con la ‘colla’, una mujer bella y era mucho menor que yo. Yo tenía 44 años y ella tenía 18 cuando nos casamos, y hasta ahora seguimos juntos, tenemos dos hijos y ya tenemos nietos. Y hasta que muera. En Cuba tuve cinco hijos, después la vida me puso aquí en Suecia donde nacieron mis otros dos hijos.

¿Ha sido difícil el exilio en un lugar tan frío?

Hay un viejo refrán español que dice “cualquiera por su mejoría su casa dejaría”. Yo no podía volver a Cuba, no quería volver y no me iban a admitir después ni aunque yo mismo quisiera. Así que cuando me fuí, sabía que no volvería más. Ya sabes que tienes que adaptarte a lo que sea, con más razón después que tienes un pasaporte que donde quiera que te paras dice que eres un exiliado político.

¿Tiene esperanzas de ver un cambio cercano en Cuba?

Chica mira, yo soy un hombre mayor, ya no tengo esperanzas de nada, voy a cumplir 88 años dentro de unos meses. Todos los demás son mucho más jóvenes que yo. Por ley natural, creo que me toca irme primero. El es más joven que yo, él nació en el 26 y yo nací en el 18, son 8 años.

¿Qué cree que va a suceder?

En Cuba es muy problemático todo lo que pueda pasar, así que hay que tener mucho cuidado. No tengo muchas ideas, porque no conozco a fondo la política cubana y los cambios de todos estos años que llevo afuera, porque cuando me retiré de Cuba me retiré de la política. Tengo ideas democráticas cien por ciento y esas sí que nadie me las va a quitar. Si alguien tiene que gobernar que lo haga para el pueblo cubano. No soporto a los dictadores, ni de izquierda ni de derecha, para mí son lo mismo.

¿Y si pudiera regresar mañana, qué haría?

Lo primero que haría no sería nada bueno para mi, porque lo primero que haría sería ir a ver a mamá y papá, en sus tumbas, y llorar mucho. Mi padre me dijo cuando me despedí de él aquella noche, yo me iba al día siguiente, “ya nunca más nos volveremos a ver” y así fue. Mi padre murió en el año 62 y mi madre en el año 78. A mi hijo Chucho lo volví a ver 18 años después, porque tocó la casualidad que yo estaba de paso por Nueva York cuando él vino con Irakeres a Nueva York. El padre de Paquito y yo éramos amigos, pero amigos cerrados, de Cuba eh!. El era una gran persona, y Paquito como un hijo mío. Y me dijeron que Chucho llegaba y fuímos como once personas, nos reunímos ‘una tonga’ de músicos para ir a aquel concierto.

¿Y con el resto de la familia, se ha reencontrado?

¿Usted sabe que Roberto Carlos el pianista de los Dan Den también es mi nieto? El es hijo de mi hija Miriam. Ella tiene otra hija que está casada con un francés, viven en la Guayana francesa. En el año 96 yo fui a Francia a ver a mi hija Miram que no la había visto en 36 años. Ese día en el hospital nos retrataron a las cuatro generaciones, a mi hija, a mi nieta y a mi bisnieta que acababa de nacer. En Cuba, en México y Alemania también tengo otros nietos y bisnietos, pero no los conozco.

¿Por qué músico cubano siente una admiración especial?

Mi verdadero ídolo siempre ha sido Cachao, que es el verdadero inventor del mambo, el junto con su hermano Orestes que ya murió. Yo estaba tocando con Cachao “Lágrimas negras”, para una película de Fernando Trueba y fue cuando pasó Diego el Cigala, y alguien le pregunto a Trueba sí yo le podía enseñar -bueno cuando tenga tiempo- le dije. Luego Trueba me dijo pruébalo, hicimos ‘una cosa ahí’ y mira lo que pasó.

¿Y el “Bebo rides again” (1994)?

Ese se lo debo a Paquito, eso no era mío. Paquito estaba por ahí, por Punta del Este en Uruguay, a donde van todos los millonarios. El me llevó el año pasado. Y cuando regresó de unos conciertos que estaba dando por Buenos Aires, (1994) ya había muerto Mario Bauzá, (1993) me llamó y me contó. Entonces me encerré y estuve 36 horas haciendo los arreglos y fue un disco que tuvo mucho éxito. Fue la primera vez que conocí a Juan Pablo Torres, el trombonista. Tuve el honor de conocer a ese gran músico cubano, y mira que Cuba ha tenido grandes músicos, pero creo que es lo mejor que ha dado Cuba, un gran arreglador, un gran compositor y una gran persona. El trabajó conmigo en el “Bebo de Cuba”, después recibí la mala noticia de que había fallecido en Miami. (2005).

¿Conoció a Cabrera Infante?

Claro! Paquito me invito a tocar porque querían un pianista que conociera la música vieja que a él le gustaba. La mujer de él ya me conocía. Entonces Paquito me llamo y le dije bueno yo esto me lo sé de memoria. Dicen que antes de morirse le pusieron un disco mío “Bebo”, donde yo toco música vieja cubana de 1900. Yo no sé sí será verdad o sí será mentira, pero dicen que murió escuchando esa música que era la que le gustaba. Usted sabe, cuando uno es viejo se pone sentimental y piensa mucho en su madre, en su padre, en la vida.

¿En qué cree?

Soy católico y también soy medio brujo. Tengo collares también, no digo de quien soy hijo, así que no pregunte. (risas)

¿Está agradecido con la vida?

En la vida lo que hay es que luchar y no decaer. Además no tienes más que una. Hay que vivir como uno quiera y lo mejor que pueda, pero eso sí, sin hacerle mal a nadie.

Saturday, February 21, 2009

CANDIDO CAMERO


Se puede sacar a un cubano de Cuba,
pero no se puede sacar a Cuba de un cubano.
-Cándido Camero-

Cándido usted nace en 1920…

Yo nací en la Habana, en el barrio del Cerro, en la calle Churruca 77 entre Velarde y Washington, un viernes a las 6 y media de la tarde. Cuando uno pasa por una cosa así no es fácil que se le olvide.

¿Qué recuerdos guarda de su infancia?

Yo tenía como cuatro años, estaba en kindergarten todavía, y mi tío materno Andrés Guerra, que era un bongosero profesional, me llevaba con él a todas partes y me preguntaba si me gustaba la música, si me gustaría aprender a tocar algún instrumento. Un día él cogió dos latitas de leche condensada vacía y un pedazo de cuero y me hizo mis primeros bongoes. Cuando yo venía de la escuela, me ponía a tocar en la mesa mientras mi mamá preparaba la comida y mi papá me decía, te van a doler las manos, mira que eso no es cuero, eso es madera. Y mi abuelo materno le decía déjalo que algún día el va a ser famoso, y como yo digo, parece que fue “de la boca de él a los oídos de Dios”.

¿Y de sus padres en particular?

Cuando empecé a trabajar con la música, llegaba a la casa y mi papá me preguntaba ¿cuánto le pagaron hoy? Yo le decía, un peso y él me decía bueno de eso, 50 centavos para su mamá y 50 centavos para usted. Después me olía las manos para saber si había fumado. Después me decía, a ver diga ja y yo decía ja ja ja, y el me decía con uno solo basta para saber si tiene aliento a bebida. Gracias a Dios ya cumplí 85 años, he trabajado con los más grandes en la música americana y latina, he compartido el escenario con todos ellos y nunca me dio la tentación, porque yo digo que lo q no es necesario no me interesa.

¿Desde cuándo se interesó por la música?

Desde niño me interesé por la música. Como se dice vulgarmente yo esta siempre pegado al radio oyendo música para aprender y así tenía idea de lo que era bueno, regular y malo. A mi madre Caridad le gustaba cantar y mi padre Candido tocaba el tres. Mi papá me enseñó a tocar el tres cuando yo tenía ocho años y mi abuelo materno me enseñó a tocar el bajo cuando tenía 14 años. A esta edad empecé a trabajar como músico profesional tocando en el Septeto Gloria Habanera, de Floro Costa. En ese tiempo te pagaban un peso por tocar. Así que tocábamos viernes, sábado y domingo y ganábamos un peso por día. Floro Costa tocaba la flauta, yo era el bajista. Hacíamos una transmisión de radio para anunciar donde íbamos a tocar el fin de semana y por esa transmisión de radio nos pagaban 10 centavos, para pagar el pasaje de ida y vuelta a la radio.

¿Qué recuerdo guarda de la Habana que usted conoció?

En la Habana todos los años en el mes de Febrero eran los carnavales. Todos los barrios tenían su comparsa y competían por el primer premio, el segundo premio y el tercer premio. La comparsa de mi barrio, del Cerro, El alacrán se llevaba siempre el primer premio. Yo era muy joven tendría como 18 años y tocaba el redoblante.

Usted fue muy buen pelotero.

Cuando yo estaba en la escuela superior jugaba pelota, era catcher y cuarto bate, eso que llaman limpia bases. Casi siempre que había tres hombres en bases yo bateaba de jonrón y las bases se quedaban limpias. Por eso me decían ahora viene el limpia bases. Quería decir que esperaban que yo diera un jonrón para que las bases se quedaran vacías.

¿Cuál fue su mayor influencia musical?

La influencia mayor para mi fue la de mi tío Andrés, al que yo admiraba mucho. El fue él que me inició con 4 años en el mundo de la música. Luego otros músicos cubanos que admiraba mucho como Bebo Valdés. Trabajé con él cuando comencé a tocar en el cabaret El Faraón, que quedaba en la calle Zanja y Belascoain. Después trabajamos juntos como 10 años en el cabaret Tropicana, cuando Armandito Romeu era el director artístico. El era el pianista y yo era el bongosero.

¿Cuándo fue la primera vez que escuchó jazz?

Fue en la Habana, cuando era muy joven y como le decía vivía pegado a la radio oyendo música. Fue la Orquesta de Stan Kenton. Luego a todos los demás Duke Ellington, Louis Armstrong.

Y después en Estados Unidos trabajó con todos ellos.

Sí tuve la suerte de trabajar y grabar con él y con todos ellos, con todos los grandes del jazz. Nunca me lo imaginé, con lo único que soñaba era con verlos tocar en persona algún día. Pero nunca, nunca me imaginé que iba a trabajar con ellos, a grabar con ellos y a viajar con ellos. Así que todo esto ha sido más que un sueño hecho realidad.

¿Cuándo tiene sus primeras congas profesionales?

En el año 40 cuando estaba trabajando en el cabaret El Faraón, acompañando a la pareja de Carmen y Rolando. Pero eran unas congas, que estaban siempre permanentes en el cabaret, no las llevaba a mi casa. En esos tiempos unas congas constaban como 10 pesos, ahora cuestan como 300 dólares. Las primeras congas con las que llegué a Estados Unidos las traje de Cuba en el año 46. Luego se las regalé a un aficionado. Aquellas eran fabricadas a mano. Las que tengo ahora son fabricadas por esa compañía LP.
(Latin Percussion).

¿Cómo era el trabajo en la radio en aquellos años?

Yo trabajaba en radio CMQ, en el programa de Gonzalo Roig, él era el director del programa que se llamaba General Electric. Yo era el bongosero de la Orquesta de CMQ, acompañaba también a Cascaritas. Iba a tocar a la radio por el día y por la noche iba para el cabaret Tropicana. En esa época en la radio todo se tocaba en vivo, nada de grabaciones. Ahí ya me pagaban un poco más, por quincena, por programas. El programa de Gonzalo Roig era una vez a la semana, y el de Cascaritas todos los días. Bebo Valdés también estaba ahí en ese tiempo, tocando el piano.

¿Cuándo sale de Cuba ya tiene decidido quedarse?

Carmen y Rolando fueron los que me trajeron a los Estados Unidos, en el año 46, un 4 de Julio, yo tenía 25 años. Nos presentábamos el día 7 de Julio, en el cabaret Habana Madrid. Las estrellas de ese show eran los comediantes Steve Martin y Jerry Lewis, y nosotros éramos parte del show. Cuando yo salí de Cuba pensé si me va bien me quedo y eso fue lo que sucedió por eso me quedé. Después pasamos al cabaret La conga. Ahí trabajaba Miguelito Valdés. Luego estuve como un año en el Downbeat. Cada dos semanas cambiaban los grupos, pero yo estaba fijo con el grupo de Billy Taylor. Por eso tuve la oportunidad de conocer a todos los mejores músicos de jazz y grabar con casi todos ellos, con orquestas latinas como la de Machito y sus Afro-Cubans, cuando el director musical era Mario Bauzá.

¿Nunca más regresó a Cuba?

Sí. Regresé en el año 48, en el 52 y por último en el año 55. Fue la última vez que vi a mis padres. Ellos fallecieron años después. Éramos cuatro hermanos en total, 3 varones y una hembra, la única que queda viva es mi hermana, en Cuba.

¿Se acostumbró a vivir en Nueva York?

Llega el momento que uno se acostumbra a todo y más si a uno le gusta. Pero el frío me ha hecho mucho daño con la artritis. Cuando camino tengo artritis en las piernas, pero a las manos no me ha afectado gracias a Dios. Yo digo que cuando camino parece como si tuviera cien años, pero cuando toco estas congas me siento como si tuviera 20 años.

¿Cuál es su rutina diaria en Nueva York?

Cuando no estoy trabajando estoy leyendo, oyendo música o mirando televisión. Cuando quiero ensayar alquilo un estudio y ahí toco para no hacer bulla aquí en la casa. Toco el tres y el bajo de afición, y lo sigo tocando hasta hoy día. Y cuando se presenta la ocasión toco por las noches.

Conoció al Benny…

Al Benny lo conocí antes de que él llegara a la Habana, en Santiago de Cuba, cuando él estaba cantando con la Orquesta de Mariano Mercerón. El que era popular en esa época era Cascarita (Orlando Guerra). Entonces Benny Moré llegó a la Habana y estuvo cantando frente al Capitolio en un restauran que se llamaba El Floridita, hasta que Miguel Matamoros lo oyó y lo llevó a México y se quedó en México, con Pérez Prado y después se hizo popular. A Dámaso Pérez Prado lo conocí en el cabaret Kursal, él era el arreglista de Cascarita. Le cobraba diez pesos por los arreglos musicales, después llegó a México y se hizo millonario.

Usted fue muy amigo de Mongo Santamaría…

Mongo y yo nos hicimos amigos cuando él trabajaba en el correo, de cartero. Yo lo ayudaba a repartir las cartas, para que pudiera terminar más rápido y así podíamos empezar los ensayos más tempranos. Teníamos un septeto que se llamaba Apolo, Mongo era el bongosero y yo era el tresero. Cuando eso los conjuntos no usaban congas, el primer conjunto que uso conga fue el de Arsenio Rodríguez, en el año 1943. Hacíamos una trasmisión de radio. Y después tocábamos el fin de semana. Eso fue a principio de los 40 y fuimos muy amigos hasta que falleció en el 2003.

Con Cachao trabajó en Cuba y después en Estados Unidos…

Cuando conocí a Cachao, él y su hermano Orestes López, tocaban en la Orquesta la Charanga de Arcaño y sus maravillas, (1938). Cachao tocaba el bajo. Yo tocaba el tres con el Septeto Bolero.Y alternábamos en los bailes, él con la Orquesta y yo con el Septeto. Cuando Cachao llegó a los Estados Unidos trabajamos juntos en el cabaret Habana Madrid y en el cabaret Liborio. Después también grabó conmigo en el disco Brujerías de Candido y de ahí se fue par Las Vegas, hasta que regresó a vivir a Miami. En esa misma época cuando trabajaba en el cabaret Liborio acompañé a Olga Guillot, a Rolando Laserie, y varias veces a Celia Cruz. Yo la llamaba a ella señora dos veces, señora en el escenario y señora fuera del escenario.

¿Cómo se le ocurre la idea de tocar con una tercera conga?

Esa idea se me ocurrió cuando empecé a ir a los conciertos de la Orquesta sinfónica aquí en los Estados Unidos. Cuando yo veía al timpanista, tocando con tres timpanis, que hacia un redoble de acuerdo a la última nota de la pieza que estaba tocando. Los 3 timpanis estaban afinados de acuerdo a esa nota, y ahí fue que se me ocurrió esa idea.
En el año 50 introduje la tercera conga, hasta entonces eran dos. Para poder tocar la melodía me faltaba una conga. Las 3 congas tienen que estar afinadas en diferentes notas cada una. Las tres congas tocan la melodía, después de la melodía el ritmo y después del ritmo la improvisación o eso que llaman el solo de congas. El solo puede hacerse en el momento que uno quiera, antes de la melodía o después, pero casi siempre en mi caso yo lo hago después de la melodía, como para cerrar con el solo. Para acompañar la nota del final de la pieza, para hacer más grande o más fuerte el acorde final.

¿Si pudiera regresar a tocar en Cuba ahora, con que músicos le gustaría compartir el escenario?

Me gustaría con los mismos músicos que yo toqué, con Bebo Valdés. Aunque ya la mayoría han muerto, con Chico O’Farril, con Chano Pozo, con él trabajé cuando se inauguró el cabaret Tropicana. El show se llamaba Congo Pantera, él era la estrella del show y yo estaba con la orquesta de Armandito Romeu. Yo vine para Estados Unidos en Julio del 46 y Chano llegó ese mismo año, como seis meses después, en Diciembre.

¿Para usted cuál
es el músico más grande que ha dado Cuba?

Ernesto Lecuona.

¿Sigue siendo cubano después de vivir 60 años en Nueva York?

Yo digo que un cubano puede estar fuera de Cuba, pero Cuba no puede estar fuera de un cubano. Sigo comiendo mucho arroz con frijoles negro, picadillo, plátanos maduros fritos, aguacate, yuca. Aunque lleve toda la vida viviendo en Nueva York eso no se puede olvidar.

Friday, February 20, 2009

PAQUITO D' RIVERA


Yo redescubrí la música cubana a orillas del Hudson.
-Paquito D' Rivera-

Decía Vladimir Nabokov en “Habla memoria”, “que escudriñar la infancia es lo que más se parece a escudriñar la propia eternidad”. ¿Le sucede igual al recordar su infancia en La Habana?

Sí, y por eso mismo escribí mi novela ¡Oh, La Habana!, porque de niño, como me crié entre artista, músicos, periodistas, actores, tuve una infancia sui generis. Mientras los demás niños jugaban a la pelota en el placer de enfrente, yo correteaba con las bilarinas durante los descansos en los ensayos de Tropicana. En esa novela, aunque los personajes––casi todos reales–– van desde Burundi a Egipto, pasando por Buenos Aires y otros puntos del planeta, el personaje central es precisamente la hermosísima ciudad de La Habana, ciudad que inspiró a escritores, poetas, músicos y paisajistas de 5 siglos; desde Nat King Cole hasta Anasta Mikotyan, ministro de industrias de la URSS.

¿Cuáles son los principales recuerdos de sus padres?


Estudiaba su saxofón tenor 26 horas al día, y uno de mis recuerdos más gratos es cuando me llevaba a pasear la bellísima calle Monte, a mirar vidrieras, que eran luminosas y bellísimamente decoradas. En las navidades los comerciantes sacaban los juguetes a unos kioskos improvisados en las aceras de aquella calle tan linda.
En el invierno de 1977, durante un viaje del grupo Irakere a Montreal, Canadá, pude, a escondidas y después de 9 años separados, reunirme con mi hermana Rosarito, mi padre y mi madre, que era la mismí­sima mujer encantadora de sonrisa amplia y amable, que en los momentos más difíciles nos hacia creer que, con ella cerca todo saldrí­a a pedir de boca. Yo no quiero ni imaginar que hubiera sido de todos nosotros, si no hubiéramos tenido siempre presente la sonrisa eterna de esta dama de acero y seda.

“NY es como estar en todos lados” ¿La ciudad de Nueva York ha logrado ahogar ese vicio de nostalgia de casi todo exiliado?

New York es la ciudad de mis sueños desde que mi padre trajo a casa aquel LP de Benny Goodman, en vivo en Carnegie Hall (“yo entendí carne y frijol”). Aunque el frio no me gusta, amo profundamente a esta ciudad a la vez altanera y generosa, incluso desde antes de conocerla. Yo siempre supe que había un sitio para mí entre las fieras de esta jungla divina, y mi madre me lo pronosticó mucho antes de que la idea de venir a establecerme aquí cruzara mi mente.
En cuanto a la nostalgia, eso es algo inherente a casi todos los exiliados, y la peor nostalgia es la de cosas que ya no existen porque han sido destruidas, como la ciudad de La Habana que yo conocí. La Habana de Cabrera Infante.
El difunto pintor cubano exiliado en Mexico Miguel Cubiles escribió una vez que “El pensar en La Habana no es recuperar emociones, sino inventar pasados.”

¿Un apartamento en la otra Cuba, sería una buena opción para escapar cada año del invierno de NY?

Esa es una imagen que me martilla en la cabeza muy frecuentemente; sobretodo en estos días en que hemos estado haciendo “research” para comprar un sitio donde huirle al “fricandó” cuando se ponga “mu pelú” por acá. Pero bueno, como dicen los gringos, date prisa y espera… y en eso ya llevamos casi medio siglo.

¿Cómo se imagina exactamente ese día que pueda volver a tocar en Cuba?

Ni la más mínima idea. Ya sé que encontraré mucha gente conocida, pero en general, supongo que será un país mayormente extraño para mí; aunque no por ello menos entrañable.

Cabrera Infante dijo en alguna ocasión refiriéndose a la parte negativa de su agridulce exilio “me ha hecho perder mi lector natural que es, por supuesto, un cubano y si es posible un habanero. Y eso ha sido para mí un conflicto porque mis libros están prohibidos en Cuba". Salvando las diferencias de leguajes artísticos (literatura vs. música) ¿de alguna manera ha experimentado lo mismo o ha sufrido la falta de ese contacto directo con esa parte del público cubano que sigue allí ‘islado’?

Soy cosmopolita por naturaleza, y siempre–– inclusive estando aún en Cuba–– he tratado de “universalizar” mi arte, sin perder por esto mi cubanía. Yo viajo con latas de frijoles en mi maleta cuando voy a Japón por largas temporadas; regalo guayaberas, discos de Álvarez Guedes (tiene uno en inglés fenomenal) y latas de cascos de guayaba a mis amigos de otras nacionalidades; pero me aburriría vivir en un sitio donde no hubiera gente de distintas razas, costumbres y lenguas. Lo mismo cuando toco que cuando compongo o escribo literatura o artículos, casi siempre incluyo un poco de mi “cubichismo”, pero también me encanta aprender y usar elementos de otras culturas. Soy un cubiche globalizado.

“Se puede sacar a un cubano de Cuba, pero no a Cuba de un cubano”. Cándido Camera.
¿Podría sustituir el gentilicio cubano por el nombre de Paquito de Rivera? ¿Que parte de Cuba lleva consigo cada día?


Llevo la parte linda; las cosas feas, como que las bloqueo. Mira, por ejemplo ahora estoy trabajando en un libro que llamaré “Paisajes y Retratos”, y ya tengo unos cuantos retratos de cubanos que alegraron a Cuba y al mundo; gente como Cachao, Germán Pinelli, las Hermanas Márquez, Fernando Mulens y Juana Bacallao. Eso entre otros no cubanos, como Benny Goodman, Dizzy Gillespie y Lionel Hampton. “Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”, dijo el Papa (aunque a mi mas bien me sonó a Cantinflas en aquel momento).

"Después del éxito que obtuvimos con un ciudadano ilustre como Bebo Valdés alrededor del mundo, cuando fui a su propio país se me recomendó que ni siquiera mencionara su nombre. Toqué con su hijo, Chucho, quien lo sustituyó en el piano, y no pude mencionar a su padre". Cigala.
¿Cree que esta actitud de algunos ‘cubanos de aquí y de allá’, son posturas extremas que finalmente se tocan?


Esa pregunta la contestaré con el siguiente fragmento de un excelente artículo de Roger Hernández en el New York Post, sobre la controvertida actuación de Los Van-Van en Miami años atras:

Es cierto que Los Van-Van hacen buena música cubana bailable. Los miembros del grupo son músicos pop de primera línea con una formación de conservatorio, una tradición que se remonta en Cuba por lo menos a los años treinta. Sus canciónes no son precisamente politicas, pero esas canciónes tampoco tienen que llevar un contenido politico, ya que la presencia de Los Van Van en los Estados Unidos ya de por sí lo es. Este principio fue muy bien comprendido en los días de la lucha contra el apartheid.

En 1985, Bob Dylan, Bono, Ringo Starr, Jackson Browne, Gu Scott-Heron, Sting, Run-DMC y otras luminarias del pop se reunieron junto a Bruce Sprigsteen y el guitarrista Steve Van Zandt para grabar "Ain't Gonna Play Sun City " (No tocaré en la Ciudad del Sol), un himno rockero exhortando a sus colegas músicos a negarse a tocar en aquella zona de casinos de juego en Sur Africa, en protesta por el apartheid.
El video fué ampliamente divulgado en MTV y por supuesto que tuvo el efecto deseado. Una gran mayoría de los músicos internacionalmente reconocidos se mantuvieron fuera de Sudafrica. Frank Sinatra se atrevió a cantar en Sun City y resultó fuertemente criticado.
De la generacion más jóven, Paul Simon fué a Sudafrica en ese tiempo, y por ello fué amenazado con ponerlo en la lista negra por parte del Centro de las Naciones Unidas contra el Apartheid; Y eso que se presentó no ante un público de racistas blancos en Sun City sino en Johannesburg, con disidentes músicos negros de Soweto, como Ladysmith Black Mambazo.
" Ain't Gonna Play Sun City ,", por supuesto no derrumbó solo al régimen de minoría blanca, pero la canción estaba acorde con la iniciativa de la ONU de prevenir cualquier acercamiento cultural, académico, deportivo o cualquier tipo de intercambio con el país africano. Esta campaña internacional de aislamiento fue el arma más potente al servicio de Nelson Mandela y el movimiento anti-apartheid. Fué lo más acertado para hacer entonces y la medida ayudó muchísimo en acabar con el apartheid.
No obstante, por alguna razón, el mismo principio no se aplica cuando se trata de la Cuba de Castro. La ONU quiere que el embargo sea levantado y las estrellas del rock no se han juntado para demandar el fin del abuso contra los derechos humanos cometidos sistemáticamente por el gobierno cubano. Los americanos amantes de la música no piensan más que en darle todo su apoyo entusiasta a una banda que (déjame ser lo más caritativo que pueda con Los Van Van), en más de 30 años de existencia, no ha tenido nada malo que decir acerca de un gobierno que desde 1959 ha aplastado todo tipo de libertades; Y cuando los cubano-americanos protestan su presencia en sus predios, estos no son vistos como gente peleando por la libertad de su tierra natal, sino como un bando de trogloditas de extrema derecha a favor de la censura.

“Sin embargo creo que el desarrollo de cada música está en el país de origen. Fuera se pone un poco melancólica. Claro, eso también ayuda. Yo redescubrí la música cubana a orillas del Hudson”.
¿Siente que el mar y la otra orilla son pérdidas temporales?


La letra del himno de mi país dice en una estrofa, que vivir en cadenas es vivir en afrentas y oprobio sumido. No soy amigo al melodramatismo, pero si creo firmemente en la aplicación práctica de este concepto. Por otra parte, yo soy fundamentalmente un músico de formación clásica que hace Jazz; un estilo musical producto de una sociedad eminentemente multicultural (¡como hecho a la medida para mí!) . No me dedico generalmente a la música popular bailable de Cuba, cuyo desarrollo, insisto está en su país de orígen, independientemente, o inclusive a pesar del régimen político.

“El carácter cubano se agiganta con la distancia”
¿Sucede igual con el lugar y valor que viene a ocupar entonces la música cubana en nuestras vidas?


“Yo descubrí a Cuba a orillas del Sena”, dijo Lydia Cabrera, y yo creo que me gradué de cubano ya después de algunos años de exilio. Es innegable que la distancia agiganta la imagen del terruño. “Usted es un cubano profesional”, me dijo mi mujer portorriqueña el día que nos conocimos en un studio de grabaciones en New York.
Estoy orgulloso de compartir mi nacionalidad con Carlos J. Finlay, Martí, Lecuona, Lezama Lima, Celia, Reinaldo Arenas, Luis Carbonell, Bebo, Chucho, Chirino, Bujones, Carlos Alberto (¡y Rita!) Montaner, Andy García, Zoé Valdés y Rolando Lasserie.

“Y las dictaduras de derecha. La pones frente a un espejo y está a la izquierda”. Y un gobierno republicano, “democrático”, como el de Bush, ¿desde cual reflejo del espejo se puede ver?

Al igual que me revientan muchísimo los crueles comentarios de ciertos críticos musicales que desde la comodidad de sus butacas (pagadas casi siempre por el diario en que trabajan) atacan inmisericorde e irresponsablemente la labor de artistas que con devoción de años han preparado un espectáculo, también me cuesta mucho trabajo juzgar a un tipo cuya bienvenida a la presidencia fue el derrumbe de dos de los edificios más importantes de su país y la muerte de miles de conciudadanos. Tampoco me atreví a juzgar a Bill Clinton cuando varias embajadas americanas fueron voladas en África y sus muchos detractores lo acusaban de no haber hecho nada. ¿Y qué iba a hacer?, ¿O es que podemos creer que el hombre quería que una atrocidad como aquella sucediera, o que Bin-Laden se le iba a presentar arrepentido?. Ese puesto de presidente americano es una papa caliente que yo no la quiero ni regalá; pero la realidad, y aunque parezca un disparate, el terrorismo internacional le es muchísimo más conveniente y útil tener en el poder un gobierno del corte del de Geoge Bush, para así poder “justificar” sus acciones. Total, que se van a tirar tiros a casa de Yuca y al barbudo no le lanzan ni un ‘gollejo’ hace casi medio siglo. Yo estoy loco porque en Cuba descubran petróleo, a ver si los gringos se apiadan de nosotros y nos ayudan a recuperar el habla (como a Don Rafael del Junco).

“Hay pueblos que no protestan, emigran”. “No se puede exigir en la vida ni amor ni valentía”. ¿Cree que la emigración cubana ha sido definitivamente un modelo de protesta?

También alguien mas sabio que yo dijo que “Cuando los pueblos emigran, los gobernantes sobran”, pero no podemos olvidar a los valientes que se quedan y hablan, y protestan, y van a la cárcel. Cada postura tiene su propio valor, solo que cumplen roles diferentes, los que se van y los que se quedan. Entre los que no se les puede exigir valentía están muchos, la mayoría de los músicos cubanos que salen al extranjero a representar la dictadura, con el flaco pretexto de mejorar la existencia de sus familiares. No se dan cuenta de que lo que hacen es prolongar las humillaciones y la miseria de sus familias y de todas las familias de Cuba. Yo en mi caso prefiero llorar sobre un plato de arroz con frijoles en el exilio a morirme de un infarto esperando un guagua fantasma que me lleve pa’ Marianao desde la Habana Vieja.

¿Cómo Borges, puede seguir viendo “asombro donde otros ven costumbre”?

El día que deje de asombrarme de las cosas que veo a diario en este New York mágico y en muchas otras partes del mundo donde me lleva mi noble profesión, es que estaré muertísimo.
Y a propósito de Borges (que a veces decía cosas imperdonables), cuentan que al llegar de adolecente a Suiza: –– “Como buen americano pregunté quien era el presidente de aquel país, a lo que los suizos que me recibieron, con honda vergüenza contestaron que ninguno sabía el nombre del mandatario… Desde entonces me di cuenta ¡de que era aquel un gran país!”––

¿Qué futuro avizora para Cuba?

Peor que esto, nada.

“La mitad de mi corazón es brasileño”, ¿y la otra mitad, se queda en NY o en Cuba?


No se queda, “conmuta” de una orilla a otra. Acuérdate de aquel son montuno que decía: Yo soy guajiro, vivo en el monte, y tengo un sitio en la loma.

http://www.paquitodrivera.com/

Thursday, February 19, 2009

IGNACIO BERROA

“Me siento orgullosísimo de ser cubano. A Cuba la llevo siempre en mi corazón. Mañana vuelvo a nacer y si Dios me pregunta de donde quieres ser, le vuelvo a decir, de Cuba. Pero la música de mi pasión siempre fue el jazz”.
-Ignacio Berroa-














Usted comienza estudiando el violín y un año después salta a la percusión. ¿Por qué este cambio de instrumento?

Antes de empezar a estudiar el violín, un día mi papá llegó a la casa con dos discos, uno de Nat King Cole y otro de Glenn Miller, cuando los escuché quedé fascinado por el jazz y por la batería. Pero uno siempre quiere seguir los pasos de papá, así que empecé a estudiar violín, en la Escuela Nacional de Arte. Hasta que un día mis compañeros de albergue le dijeron a mi padre, -mire Ignacio a su hijo no le gusta el violín, él lleva un año aquí perdiendo el tiempo, nunca lo estudia, raramente está con los violinistas, y siempre para con un par de baquetas en la mano. A él le da pena decirle que lo que quiere estudiar es percusión-

Viene como marielito, vive 9 años en Nueva York, y se muda a Miami en 1989. ¿Por qué Miami?

La primera vez que vine a Miami vine con un grupo a tocar el Festival de la calle 8. En Nueva York tocaba con Dizzy Gillespie, como me pasaba la vida viajando ya no tenía mucho sentido seguir viviendo allá. Estaba aburrido de sus inviernos y todos mis amigos de la infancia vivían aquí en Miami, más los pastelitos y la malta Hatuey. Tampoco quería criar a mi hijo Christopher en Nueva York.

Cuando trabajaba con Dizzy Gillespie atravesaba la etapa del “limbo” o especie de incertidumbre legal de los marielitos. ¿Cómo se las arreglaban?

Para trabajar con Dizzy Gillespie, él tenía que llamar a la casa Blanca, y la Casa Blanca tenía que llamar a inmigración en Nueva York, para que me autorizara a viajar. Yo no tenía ni siquiera un pasaporte. En el 83 le dije a Dizzy que no podía seguir trabajando así, y que él necesitaba un baterista sin estos problemas. Fue una etapa en general muy dura, el llegar a Estados Unidos, a un país donde no conoces el idioma, fue como nacer nuevamente.

¿Cómo fue la experiencia de regresar a Cuba después de 22 años?
Yo me quedé sorprendido porque antes de ir algunos amigos me contaban: aquí todos los músicos jóvenes te admiran y tienen tus videos. Yo pensaba que ninguno de los músicos jóvenes seguían mi trayectoria, y esto me animó a ir. Puede ser que para muchos cubanos de línea dura, Berroa regresó a Cuba a tocarle a Castro. Pero para mí fue un regreso victorioso, el poder regresar a mí país tocando la música que siempre quise tocar y darle la oportunidad a esos jóvenes que tanto me admiran de verme tocar y que sepan que sí se puede. Lloré muchísimo cada vez que veía a mis amigos, es una experiencia imborrable el cariño que me dieron, cuando nos abrazábamos y me decían -yo pensaba que nunca más te iba a volver a ver- todavía hoy me emociona.

“Afrocuban-jazz es tocar improvisando sobre bases rítmicas cubanas, lo mismo que Mario Bauzá hacía en Estados Unidos, y latin-jazz es cuestión de business, disqueras y ventas”. ¿Comparte esta opinión de Bebo Valdés?

Lo que se le llama latin jazz, es tocar música americana, temas conocidos americanos con ritmos cubanos, y no es por ser sectarista, pero la tumbadora, los timbales, los bongoes, son instrumentos y ritmos cubanos, creo que podía haberse llamado cuban jazz. Es la mezcla de la armonía del jazz con ritmos afrocubanos. Hay que recordar a quién metió Dizzy Gillespie en su orquesta, a un cubano que se llamó Chano Pozo.

¿Y el término afrocaribeño?

Es un término que también se ha usado para hacerlo más general, porque la comunidad latina en Estados Unidos no es sólo de cubanos. Aunque todos somos del Caribe y tenemos ascendencia africana, la llave de esa esencia rítmica siempre ha sido Cuba.

¿Es parecido al fenómeno de la salsa?

Es igual. La salsa es un nombre comercial que se le dio a la música cubana. Tito puente siempre lo dijo, salsa es algo que se le echa a la comida, esto es música cubana. En mi opinión los tres países del continente americano que más han influído en el mundo musical son, Estados Unidos, Brasil y Cuba.

¿Usted tiene un interés especial por la enseñanza musical?

Sí, me interesa mucho pasar mis conocimientos, entiendo que ese es el legado que hay que dejar. A mí me costó mucho trabajo aprender y no soy de los que piensan que los demás tiene que pasar el mismo trabajo. Tengo escritos dos libros de batería y un video instruccional, pero a las universidades americanas les cuesta mucho aceptar a un cubano enseñando batería, porque es un instrumento de ellos. Hace dos años me ofrecieron enseñar tumbadora en la Universidad de Miami, les dije que yo era baterista, pero es el estereotipo, si eres cubano tienes que enseñar tumbadora, bongo, timbales.

Cuénteme un poco sobre la producción del disco Codes...

Es el primer disco baj0 mi nombre, con el sello de Blue note, que es el sello más prestigioso del jazz en Estados Unidos. Lo produje a mis 53 años, con dos grandes amigos, con Gonzalo Rubalcaba y Ricardo Eddy Martínez. Es una mezcla de los códigos de la música americana, que siempre ha sido mi pasión con los códigos de mi herencia afrocubana. Codes refleja mi carrera, lo que siempre quise hacer y quien soy.

http://www.ignacioberroa.com/

www.bluenote.com/codes

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-Mastering Art Afro-Cuban Drumming
-Groovin' in Clave