OLGA DIAZ (1936 - 2008)

Fotos Michael Pancier
Cuénteme de sus orígenes.
Nací en un pueblo muy bonito, a las orillas del rio Cauto, que se llama Palma Soriano, quedando cerca de la Ermita de la Caridad del Cobre, llegando a Santiago de Cuba en la Provincia de Oriente. Se veía a lo lejos las montañas violetas de mi bella Sierra Maestra o Sierra del Cobre. Toda esto fue parte de mi paisaje habitué. Mi madre fue Delfina María Parlade Echavarría, una mujer de Santiago de Cuba, una bellísima mujer, muy culta y preparada, de un espíritu muy evolucionado para su época, fue doctora en farmacia. Tenía una linda forma de hablar, un lindo vocabulario. Mi padre era de Matanzas y fue viajante de calzado era un hombre muy simpático.
Nací en 1936, lo que me hace una preciosa mujer de 22 años. Fíjate que te dije de 22 años. Esa edad de los 22 años se convirtió por problemas de numerología en la edad de 72 años. La gente se preocupa por las arrugas del cuerpo, pero yo me preocupo por las arrugas del alma, así que mientras tenga mentalidad de 22 años, soy una mujer muy joven y feliz.
¿Qué valores le trasmitieron sus padres?
Tuve una familia muy interesante, porque eran inteligentes y a mí la gente inteligente es lo que más me gusta. No me interesan los problemas sociales, ni de dinero, ni de automóviles caros y barrios elegantes. Pero unos individuos que se sentaban a conversar conmigo y sabían de lo que estaba hablando eran mi padre y mi madre, y eso a mí me fascinaba. Siempre estuve rodeada de música, de ‘cantadera’, mis hermanas también cantaban, tocaban piano. Éramos cuatro hembras y un varón. Fue una linda familia. Después todos vinimos aquí por los problemas políticos que ya se saben y empezamos la dura tarea de la reconstrucción de nuestras vidas.
¿De niña iba a la Ermita de la Caridad del Cobre?
Sí, íbamos a pie al Cobre, era precioso, era siempre un remanso. Tengo mucha fe, es lindo tenerla y me ha ayudado mucho en la vida.
¿Y aquí va a la Ermita?
Ya cuando tienes demasiado a Jesús en tu corazón, no tienes necesidad de visitarlo tanto, él están contigo todo el tiempo. Aunque sé que no estoy correcta, que se debe de ir, pero tengo una haraganería regia que se llama cama los domingos, dormir un poquito más.
Cuénteme de su descubrimiento del piano…
Desde los cuatro años ya tocaba el piano. En mi casa había un piano alemán maravilloso muy bueno, que mi mamá tocaba, pero lo tocaba ‘reguliche’. Yo fui adquiriendo el oído y sabía dónde estaban las notas. Cuando me senté en el piano aquella noche, que fue una noche de verano que estaban todos sentados en el portal cogiendo fresco y la casa estaba oscura, recuerdo que mi mamá decía, ¿pero quién está tocando el piano? Desde ese momento yo sabía que esa iba a ser mi vida, yo sabía que iba a ser músico. Fue una cosa maravillosa, como jugar con un juguete, que era una caja linda que producía sonidos lindos.
Empecé a estudiarlo ya formalmente cuando tenía 7 años, en la escuela primaria y todo lo que iba oyendo lo aprendía. También tomé clase de ballet, tenis, voleibol, basquetbol, corría, natación, inclusive en competencias. Fui una niña muy activa, muy divertida.
Después estudié en la Universidad de Oriente, allí me gradué de licenciada en música. Luego vino la revolución y trajo por consecuencia todos esos problemas, la mala digestión de un país que no sabe cómo va a digerir todas esas nuevas ideas.
¿En qué año salió de Cuba?
En 1959 gané una competencia de pintura en el festival de las Américas, con una bandera hispanoamericana y vine a recoger el premio, que eran mil dólares y en ese mismo tiempo vino la revolución y ya me quedé aquí. Parece que Dios me dio la facilidad de pintar para que yo saliera en ese momento, y así fue. La bandera era el mapamundi las Américas en blanco, con el océano en azul y el sol en forma de brújula en amarillo, sobre el mismo azul del mar, representando la unión geográfica - cósmica que había sobre las dos Américas. El blanco simbolizaba la pureza y el sol los rayos de libertad que se supone que caían sobre nuestra América, pero una cosa rara es que parece que los rayos del sol sí nos dan, pero no los de libertad.
¿Cómo fue esa nueva etapa de reconstrucción aquí?
Cuando vine aquí ya no era tan adolescente de edad, tenía 23 años, pero era adolescente de alma. Aquí en Estados Unidos seguí estudiando música, me gradué en la Universidad de Miami, donde hice mi máster en piano performance en música clásica. En el 60 conocí a un uruguayo y a los seis meses ya estábamos casados, no hubo noviazgo, me fascinó, eso fue un amor fulminante, él se llamaba Mauricio Pancier, que es mi apellido, aquí yo soy Olga Díaz de Pancier, en Cuba era Olga Díaz Parlade. Tuve un hijo Michael Anthony Pancier, que es abogado. Yo estaba siempre con mi pianito ‘reguliche’, un piano inglés, allí practicaba mi poquito. Después de dos o tres años de matrimonio, él me compró un piano que todavía lo tengo, que me encanta, un Kawai de cola muy bueno. Mauricio murió en el año 1994, pero se quedó su gran amor alrededor mío, porque eso fue una maravilla de matrimonio.
El exilio ha sido una etapa muy bella de mi vida, aquí conocí los grandes talentos cubanos, los que realmente han estudiado música y saben música, como René Touzet, que era un señor músico. Toqué muchas veces sus obras clásicas y populares. Hicimos una maravillosa amistad y de esa amistad salieron muchos conciertos. He tocado con Mario Fernández Puerta, Robertico Lozano, con María Ciervide, con ella hice un dúo al principio de mi carrera que se llamaba el dúo “Las diferentes”. Fue muy hermoso para mí haberlos conocido, aprender de ellos. Por eso yo digo que paro mi el exilio no paró el vuelo de mi mariposa, porque para mí la vida de la mariposa es ir a las flores, a nutrirse de su polen, y para mi esos compositores han sido esas flores, ese polen. Los encontré aquí y seguí nutriéndome de ellos, y espero que ese polen se riegue, y que muchas personas sigan el trayecto de cultivar la música cubana, con toda la calidad y categoría que se merece. No la cosa fácil que hace popular una canción, sino la cosa difícil que hace que el público se eduque y empiecen a escuchar cosas más importantes.
¿Cree que la música es el arte más sublime?
Yo creo a través de la mirada, a través de los ojos, uno enseguida aprende, porque ellos tramiten inmediatamente el reflejo de lo que se está mirando. Por ejemplo, puedes distinguir diferentes tipos de arquitectura sin saber de arquitectura. Cuando empiezas a leer, la vista todavía se te hace más inteligente. Pero cuando tu escuchas música o escuchas a las personas hablar es más difícil aprender, porque primero tienes que aprender a escuchar. Por el oído es más difícil aprender. Hoy en día escucho esas músicas que encuentro terriblemente malas y desastrosas y se venden y se compran sin saber que lo son. Hay que tener el cuidado y la inteligencia de saber lo que se está escuchando. Creo que la sociedad se merece ser continuamente educada. Para mí la música es la más difícil de todas las artes, no sé si es la más completa y sublime, porque para mí la palabra o la pintura, igual son maravillosas, en todas encuentro el lenguaje de Dios.
¿Se ha dedicado a la enseñanza del piano?
Yo no me he dedicado a enseñar, no porque no me guste, porque creo que enseñar es una de las generosidades más grandes que puede tener un músico, y más aun cuando lo sabe hacer bien. Tengo muchas amigas, algunas son excelentes pianistas y maestras, otras son menos pianistas pero son excelentes maestras. Yo soy regular como pianista y regular como pianista también.
Que modestia…
No yo no soy tan modesta, si me rascas un poquito empieza a salir el egocentrismo.
¿De dónde cree viene todo ese humor que la acompaña?
Creo que uno nace con su propia gracia o su propia desgracia, pero creo que parte de esa comiquería mía cuando estoy en los conciertos, se debe al humor criollo cubano. Yo creo que el ambiente cubano tiene que haber influenciado en mí. Considero al cubano muy simpático, original y con agilidad mental. Cuando son pesados son insoportables. Los hay muy simpáticos, que son los que crearon el humor criollo, y los pesados que se convirtieron en parte de las bromas de los simpáticos. Incluso hay una frase en Cuba que dice: tú puedes ser cualquier cosa menos pesado. En Cuba no podías llegar a ningún lugar, ni siquiera a Presidente, si no eras un hombre simpático. Después no sé lo que paso, cambio el humor criollo un poquito, pero creo que algún día se recuperará de nuevo aquella palabra que a mí me gustaba mucho, que se llamaba sandunga, la sandunga criolla, que era una especie de gracia especial que tenía nuestra patria.
¿Regresó a Cuba?
No, nunca más regresé a Cuba, allí se me quedó el país en sueños y en recuerdos. Los recuerdos son bellísimos, de colores, de olores, del cariño con que me trataba la gente cuando era maestra. Iba a la Universidad de Oriente a estudiar y de ahí cogía una guagua y me iba a San Luis a dar clases de músicas. Siempre fue muy agradable la forma en que me trataban hasta los más infelices y pobres, con cariño, con respeto.
¿Y también le gusta cantar?
Canto con una voz ‘reguliche’, pero yo le pongo una especie de estilo, de personalidad, en fin, y a veces la gente me dice, me encanta como tu canta, y yo digo ¿quién lo iba a decir? Pero me gusta cantarle al amor, al romance, aunque veces la gente me diga que ya no estoy para cantar esas cosas, para eso no hay edad.
¿Quién es el músico más grande que ha dado Cuba?
Yo me complazco mucho con una canción que hizo Orlando y Mara que se llamaba “Cuba es su música” y considero que nosotros los músicos nos miramos así. Para mí Touzet fue una maravilla de compositor haciendo sus danzas clásicas cubana y las canciones populares. De Lecuona me encantan las danzas cubanas, las danzas negras africanas del siglo XIX. Me encantan sus canciones, pero como no soy cantante lirica me voy para la parte pianista, aunque tú me das a mi “María la O” y me siento arrullada por esa melodía. Me encantan Eduardo Sánchez de Fuentes en la música popular, la música clásica de Cervantes, Saumell, y de los modernos mi maestro, Aurelio de la Vega, un gran compositor de música contemporánea.
En jazz, lo más grande que ha dado Cuba para mi es Chucho Valdés, me encanta el padre, pero el hijo tiene unos vuelos de mariposas más amplios. Hay dos pianistas en Cuba de ese tipo. Chucho es extraordinariamente musical, más dulce que Rubalcaba, es dificilísimo lo que hacen y de una calidad tremenda.
¿Cómo recuerda a Touzet?
Era un hombre alto delgado, de un carácter muy especial, con una seriedad preciosa sobre la música, por eso le tengo mucho respeto. Era una persona realmente encantadora. A él le debo mucho, me enseñó gran parte de lo que sé hoy.
¿Le gusta la música actual?
La música del siglo XX y XXI no es fácil, es una música que tiene las aristas lógicas de los siglos que estamos viviendo, que no son los siglos de carricoches y carruajes como en la época de Chopin, etcétera cuando todo era más dulce, más lindo. Ahora no es tan dulce es un poco más ácido, más fuerte, pero es interesante poder entender y descubrir tu siglo y saber que tú eres parte de él. A mi me gusta mucho el pasado en música pero también me gusta el presente.
¿Por qué el cambio hacia la música popular?
Yo incursiono en la música popular porque fue la que me hizo sobrevivir aquí. Yo no era suficientemente buena en lo clásico, yo toco bonito pero no extraordinariamente bien. Hay muchos músicos clásicos que son extraordinariamente buenos, yo no llegué a esa calidad.
¿Cómo es su día a día?
Para mí todos los días son una aventura, por ejemplo hoy empecé el día con una entrevista, yo creía que venías en la tarde y llegaste en la mañana. Después toco un poco de música, voy a cocinar, para ver que vamos a comer Yaya y yo. Yaya es mi querida amiga que viene a arreglarme un poco las cosas, porque yo vivo un poco desordenada, pero si vienes más a menudo, hay algo que siempre vas encontrar en mi casa, alegría, algo de comer y algún café que tomar. ¿Quieres que te haga un cafecito?
Por supuesto, muchas gracias.
Tú ves que ese cafecito es importante, no puede faltar en una casa cubana. Cuando yo hago café, o arroz con pollo me huele a Cuba. Cuando la lluvia empieza a mojar la tierra, me huele a Cuba. El olor es un sentido importante, que veces la gente descuida. Cuando Michael tenía como 5 ó 6 años, yo aprendí a hacer pastel de manzana. Al principio lo hacía con muchos errores, una vez lo hice tan crudo que se lo di a una persona y me dijo que se le había quedado el diente pegado en la manzana. Me acuerdo que un día Michael me dijo, me encanta mami el olor cuando tú estás haciendo el pastel de manzana, huele a hogar. Hace más tiempo que no lo hago.
¿Le gusta la cocina?
Me encanta cocinar y tengo la ventaja de que todo lo que cocino me queda sabroso, pero eso fue después de muchos experimentos fallidos, después de muchas metidas de pata. Cuando yo vine para acá no estaba preparada para ser ama de casa, sino para ser pianista. Me casé con el uruguayo de 21 o 22 años, me casé temprano. El cocinaba muy bien la comida de allá, pastas y carnes, pero la comida mía era toda roja y él me decía, pero nosotros nos somos chinos.
¿Enseñó a tocar el piano a su hijo?
El estudió piano como 5 años, pero gracias a Dios se fue de la música, porque yo le decía ¡ay niño que te mueres de hambre por favor! y entonces se hizo abogado, no por los consejos de la madre, porque yo quería que fuera músico, pero al mismo tiempo no. La gente tiene la tendencia a querer triunfar y la música no es para triunfar, es solo un privilegio de Dios, la música es solo para hacer buena música. Si vas a dedicarte a ella como medio de vida te vas a dar cuenta que no es fácil. Triunfar es también un privilegio que solamente Dios les da a algunos pocos, no a todo el mundo y no es porque seas mejor ni peor, son las casualidades, los accidentes, con quien estás, en qué momento te vino alguien a ayudar, son muchos factores los que hacen que las personas triunfen en su recorrido por esta vida. En la música es muy difícil. Yo estuve trabajando toda mi vida tocando piano aquí en los hoteles, estuve 30 y pico de años tocando en el hotel Doral Country Club, y la gente ahora me dice, ¿y no te descubrió nadie, por qué no grabas cds? No, a mí la gente me aplaudía mucho, pero nunca se acercó nadie a decirme te descubrí. A mí no me gusta grabar, me gusta que la gente vaya a verme a los conciertos.
¿Qué otros valores le trasmitió a su hijo?
Aquí la vida es compleja, quisiera ver a mi hijo y a mis dos nietos todos los días, no puede ser, por las distancias. Pero siempre le digo a mi hijo una cosa, cuando tú caminas detrás de ti está Dios, pero detrás de Dios estoy yo, donde quiera que vayas. Ahí estamos las mamitas detrás de los hijos siempre, aunque no estemos presentes.
¿Y algo valioso que la vida le haya trasmitido a usted?
Todos los días me levanto a las 5 de la mañana caminar, porque va a hacer dos años que me operaron de corazón abierto. Estuve bastante malita, pero viví. Me dieron el second chance así que ahora quisiera tener el poder absoluto de que nada ni nadie pudiera incomodarme.
¿Si hubiera un cambio en Cuba le gustaría regresar?
Yo detesto hablar de política, la odio, porque estoy aquí en este país por ella. Yo adoro la democracia. El derecho de hablar, como lo estoy haciendo contigo, es un derecho con el cual nací, y nadie me puede quitar, a menos que estemos en una dictadura, y yo detesto las dictaduras. Para mí no importa lo que hagas como dictador, por el mero hecho de que seas dictador, te voy a detestar, no importa que seas de izquierda o de derecha. Tiene que ser escogido el individuo que nosotros queremos que nos gobierne, como mismo escogemos a Jesús o a Buda. Si hubiera un cambio en Cuba me gustaría regresar a ver qué pasó. Yo sé que el vuelo mío se quedó en otra dimensión, porque lógicamente al tú vivir tan lejos de esa patria, allí crecieron otras personas, con otra forma de ser, de pensar, pero son cubanos y el mero hecho de que sean cubanos es suficiente para que yo los adore. Algún día si Dios me da esa vida me gustaría llevarles un poco de mi inyección de alegría y optimismo, de lo que he aprendido aquí en este país libre, de oportunidades tan maravillosas. La vida es la evolución del espíritu y el espíritu evoluciona por medio de la bondad, de la comprensión y de la tolerancia si no existen esas cosas no vale la pena ni estar vivo.
¿De regresar que sería lo primero que haría?
Ir a la tumba de mi abuela, una bella mujer a la que admiraba mucho. Ella y mi madre me hicieron orgullosa de ser cubana, porque me di cuenta de que si Cuba dio mujeres como ella, vale la pena ser cubano. Nunca las vi con una palabra fea, siempre las vi llenas de dulzura, eran ese tipo de gente buena que está hecha con la fortaleza del cedro pero la dulzura del mango.
http://www.youtube.com/watch?v=L9K66Rf9tY8
Nací en un pueblo muy bonito, a las orillas del rio Cauto, que se llama Palma Soriano, quedando cerca de la Ermita de la Caridad del Cobre, llegando a Santiago de Cuba en la Provincia de Oriente. Se veía a lo lejos las montañas violetas de mi bella Sierra Maestra o Sierra del Cobre. Toda esto fue parte de mi paisaje habitué. Mi madre fue Delfina María Parlade Echavarría, una mujer de Santiago de Cuba, una bellísima mujer, muy culta y preparada, de un espíritu muy evolucionado para su época, fue doctora en farmacia. Tenía una linda forma de hablar, un lindo vocabulario. Mi padre era de Matanzas y fue viajante de calzado era un hombre muy simpático.
Nací en 1936, lo que me hace una preciosa mujer de 22 años. Fíjate que te dije de 22 años. Esa edad de los 22 años se convirtió por problemas de numerología en la edad de 72 años. La gente se preocupa por las arrugas del cuerpo, pero yo me preocupo por las arrugas del alma, así que mientras tenga mentalidad de 22 años, soy una mujer muy joven y feliz.
¿Qué valores le trasmitieron sus padres?
Tuve una familia muy interesante, porque eran inteligentes y a mí la gente inteligente es lo que más me gusta. No me interesan los problemas sociales, ni de dinero, ni de automóviles caros y barrios elegantes. Pero unos individuos que se sentaban a conversar conmigo y sabían de lo que estaba hablando eran mi padre y mi madre, y eso a mí me fascinaba. Siempre estuve rodeada de música, de ‘cantadera’, mis hermanas también cantaban, tocaban piano. Éramos cuatro hembras y un varón. Fue una linda familia. Después todos vinimos aquí por los problemas políticos que ya se saben y empezamos la dura tarea de la reconstrucción de nuestras vidas.
¿De niña iba a la Ermita de la Caridad del Cobre?
Sí, íbamos a pie al Cobre, era precioso, era siempre un remanso. Tengo mucha fe, es lindo tenerla y me ha ayudado mucho en la vida.
¿Y aquí va a la Ermita?
Ya cuando tienes demasiado a Jesús en tu corazón, no tienes necesidad de visitarlo tanto, él están contigo todo el tiempo. Aunque sé que no estoy correcta, que se debe de ir, pero tengo una haraganería regia que se llama cama los domingos, dormir un poquito más.
Cuénteme de su descubrimiento del piano…
Desde los cuatro años ya tocaba el piano. En mi casa había un piano alemán maravilloso muy bueno, que mi mamá tocaba, pero lo tocaba ‘reguliche’. Yo fui adquiriendo el oído y sabía dónde estaban las notas. Cuando me senté en el piano aquella noche, que fue una noche de verano que estaban todos sentados en el portal cogiendo fresco y la casa estaba oscura, recuerdo que mi mamá decía, ¿pero quién está tocando el piano? Desde ese momento yo sabía que esa iba a ser mi vida, yo sabía que iba a ser músico. Fue una cosa maravillosa, como jugar con un juguete, que era una caja linda que producía sonidos lindos.
Empecé a estudiarlo ya formalmente cuando tenía 7 años, en la escuela primaria y todo lo que iba oyendo lo aprendía. También tomé clase de ballet, tenis, voleibol, basquetbol, corría, natación, inclusive en competencias. Fui una niña muy activa, muy divertida.
Después estudié en la Universidad de Oriente, allí me gradué de licenciada en música. Luego vino la revolución y trajo por consecuencia todos esos problemas, la mala digestión de un país que no sabe cómo va a digerir todas esas nuevas ideas.
¿En qué año salió de Cuba?
En 1959 gané una competencia de pintura en el festival de las Américas, con una bandera hispanoamericana y vine a recoger el premio, que eran mil dólares y en ese mismo tiempo vino la revolución y ya me quedé aquí. Parece que Dios me dio la facilidad de pintar para que yo saliera en ese momento, y así fue. La bandera era el mapamundi las Américas en blanco, con el océano en azul y el sol en forma de brújula en amarillo, sobre el mismo azul del mar, representando la unión geográfica - cósmica que había sobre las dos Américas. El blanco simbolizaba la pureza y el sol los rayos de libertad que se supone que caían sobre nuestra América, pero una cosa rara es que parece que los rayos del sol sí nos dan, pero no los de libertad.
¿Cómo fue esa nueva etapa de reconstrucción aquí?
Cuando vine aquí ya no era tan adolescente de edad, tenía 23 años, pero era adolescente de alma. Aquí en Estados Unidos seguí estudiando música, me gradué en la Universidad de Miami, donde hice mi máster en piano performance en música clásica. En el 60 conocí a un uruguayo y a los seis meses ya estábamos casados, no hubo noviazgo, me fascinó, eso fue un amor fulminante, él se llamaba Mauricio Pancier, que es mi apellido, aquí yo soy Olga Díaz de Pancier, en Cuba era Olga Díaz Parlade. Tuve un hijo Michael Anthony Pancier, que es abogado. Yo estaba siempre con mi pianito ‘reguliche’, un piano inglés, allí practicaba mi poquito. Después de dos o tres años de matrimonio, él me compró un piano que todavía lo tengo, que me encanta, un Kawai de cola muy bueno. Mauricio murió en el año 1994, pero se quedó su gran amor alrededor mío, porque eso fue una maravilla de matrimonio.
El exilio ha sido una etapa muy bella de mi vida, aquí conocí los grandes talentos cubanos, los que realmente han estudiado música y saben música, como René Touzet, que era un señor músico. Toqué muchas veces sus obras clásicas y populares. Hicimos una maravillosa amistad y de esa amistad salieron muchos conciertos. He tocado con Mario Fernández Puerta, Robertico Lozano, con María Ciervide, con ella hice un dúo al principio de mi carrera que se llamaba el dúo “Las diferentes”. Fue muy hermoso para mí haberlos conocido, aprender de ellos. Por eso yo digo que paro mi el exilio no paró el vuelo de mi mariposa, porque para mí la vida de la mariposa es ir a las flores, a nutrirse de su polen, y para mi esos compositores han sido esas flores, ese polen. Los encontré aquí y seguí nutriéndome de ellos, y espero que ese polen se riegue, y que muchas personas sigan el trayecto de cultivar la música cubana, con toda la calidad y categoría que se merece. No la cosa fácil que hace popular una canción, sino la cosa difícil que hace que el público se eduque y empiecen a escuchar cosas más importantes.
¿Cree que la música es el arte más sublime?
Yo creo a través de la mirada, a través de los ojos, uno enseguida aprende, porque ellos tramiten inmediatamente el reflejo de lo que se está mirando. Por ejemplo, puedes distinguir diferentes tipos de arquitectura sin saber de arquitectura. Cuando empiezas a leer, la vista todavía se te hace más inteligente. Pero cuando tu escuchas música o escuchas a las personas hablar es más difícil aprender, porque primero tienes que aprender a escuchar. Por el oído es más difícil aprender. Hoy en día escucho esas músicas que encuentro terriblemente malas y desastrosas y se venden y se compran sin saber que lo son. Hay que tener el cuidado y la inteligencia de saber lo que se está escuchando. Creo que la sociedad se merece ser continuamente educada. Para mí la música es la más difícil de todas las artes, no sé si es la más completa y sublime, porque para mí la palabra o la pintura, igual son maravillosas, en todas encuentro el lenguaje de Dios.
¿Se ha dedicado a la enseñanza del piano?
Yo no me he dedicado a enseñar, no porque no me guste, porque creo que enseñar es una de las generosidades más grandes que puede tener un músico, y más aun cuando lo sabe hacer bien. Tengo muchas amigas, algunas son excelentes pianistas y maestras, otras son menos pianistas pero son excelentes maestras. Yo soy regular como pianista y regular como pianista también.
Que modestia…
No yo no soy tan modesta, si me rascas un poquito empieza a salir el egocentrismo.
¿De dónde cree viene todo ese humor que la acompaña?
Creo que uno nace con su propia gracia o su propia desgracia, pero creo que parte de esa comiquería mía cuando estoy en los conciertos, se debe al humor criollo cubano. Yo creo que el ambiente cubano tiene que haber influenciado en mí. Considero al cubano muy simpático, original y con agilidad mental. Cuando son pesados son insoportables. Los hay muy simpáticos, que son los que crearon el humor criollo, y los pesados que se convirtieron en parte de las bromas de los simpáticos. Incluso hay una frase en Cuba que dice: tú puedes ser cualquier cosa menos pesado. En Cuba no podías llegar a ningún lugar, ni siquiera a Presidente, si no eras un hombre simpático. Después no sé lo que paso, cambio el humor criollo un poquito, pero creo que algún día se recuperará de nuevo aquella palabra que a mí me gustaba mucho, que se llamaba sandunga, la sandunga criolla, que era una especie de gracia especial que tenía nuestra patria.
¿Regresó a Cuba?
No, nunca más regresé a Cuba, allí se me quedó el país en sueños y en recuerdos. Los recuerdos son bellísimos, de colores, de olores, del cariño con que me trataba la gente cuando era maestra. Iba a la Universidad de Oriente a estudiar y de ahí cogía una guagua y me iba a San Luis a dar clases de músicas. Siempre fue muy agradable la forma en que me trataban hasta los más infelices y pobres, con cariño, con respeto.
¿Y también le gusta cantar?
Canto con una voz ‘reguliche’, pero yo le pongo una especie de estilo, de personalidad, en fin, y a veces la gente me dice, me encanta como tu canta, y yo digo ¿quién lo iba a decir? Pero me gusta cantarle al amor, al romance, aunque veces la gente me diga que ya no estoy para cantar esas cosas, para eso no hay edad.
¿Quién es el músico más grande que ha dado Cuba?
Yo me complazco mucho con una canción que hizo Orlando y Mara que se llamaba “Cuba es su música” y considero que nosotros los músicos nos miramos así. Para mí Touzet fue una maravilla de compositor haciendo sus danzas clásicas cubana y las canciones populares. De Lecuona me encantan las danzas cubanas, las danzas negras africanas del siglo XIX. Me encantan sus canciones, pero como no soy cantante lirica me voy para la parte pianista, aunque tú me das a mi “María la O” y me siento arrullada por esa melodía. Me encantan Eduardo Sánchez de Fuentes en la música popular, la música clásica de Cervantes, Saumell, y de los modernos mi maestro, Aurelio de la Vega, un gran compositor de música contemporánea.
En jazz, lo más grande que ha dado Cuba para mi es Chucho Valdés, me encanta el padre, pero el hijo tiene unos vuelos de mariposas más amplios. Hay dos pianistas en Cuba de ese tipo. Chucho es extraordinariamente musical, más dulce que Rubalcaba, es dificilísimo lo que hacen y de una calidad tremenda.
¿Cómo recuerda a Touzet?
Era un hombre alto delgado, de un carácter muy especial, con una seriedad preciosa sobre la música, por eso le tengo mucho respeto. Era una persona realmente encantadora. A él le debo mucho, me enseñó gran parte de lo que sé hoy.
¿Le gusta la música actual?
La música del siglo XX y XXI no es fácil, es una música que tiene las aristas lógicas de los siglos que estamos viviendo, que no son los siglos de carricoches y carruajes como en la época de Chopin, etcétera cuando todo era más dulce, más lindo. Ahora no es tan dulce es un poco más ácido, más fuerte, pero es interesante poder entender y descubrir tu siglo y saber que tú eres parte de él. A mi me gusta mucho el pasado en música pero también me gusta el presente.
¿Por qué el cambio hacia la música popular?
Yo incursiono en la música popular porque fue la que me hizo sobrevivir aquí. Yo no era suficientemente buena en lo clásico, yo toco bonito pero no extraordinariamente bien. Hay muchos músicos clásicos que son extraordinariamente buenos, yo no llegué a esa calidad.
¿Cómo es su día a día?
Para mí todos los días son una aventura, por ejemplo hoy empecé el día con una entrevista, yo creía que venías en la tarde y llegaste en la mañana. Después toco un poco de música, voy a cocinar, para ver que vamos a comer Yaya y yo. Yaya es mi querida amiga que viene a arreglarme un poco las cosas, porque yo vivo un poco desordenada, pero si vienes más a menudo, hay algo que siempre vas encontrar en mi casa, alegría, algo de comer y algún café que tomar. ¿Quieres que te haga un cafecito?
Por supuesto, muchas gracias.
Tú ves que ese cafecito es importante, no puede faltar en una casa cubana. Cuando yo hago café, o arroz con pollo me huele a Cuba. Cuando la lluvia empieza a mojar la tierra, me huele a Cuba. El olor es un sentido importante, que veces la gente descuida. Cuando Michael tenía como 5 ó 6 años, yo aprendí a hacer pastel de manzana. Al principio lo hacía con muchos errores, una vez lo hice tan crudo que se lo di a una persona y me dijo que se le había quedado el diente pegado en la manzana. Me acuerdo que un día Michael me dijo, me encanta mami el olor cuando tú estás haciendo el pastel de manzana, huele a hogar. Hace más tiempo que no lo hago.
¿Le gusta la cocina?
Me encanta cocinar y tengo la ventaja de que todo lo que cocino me queda sabroso, pero eso fue después de muchos experimentos fallidos, después de muchas metidas de pata. Cuando yo vine para acá no estaba preparada para ser ama de casa, sino para ser pianista. Me casé con el uruguayo de 21 o 22 años, me casé temprano. El cocinaba muy bien la comida de allá, pastas y carnes, pero la comida mía era toda roja y él me decía, pero nosotros nos somos chinos.
¿Enseñó a tocar el piano a su hijo?
El estudió piano como 5 años, pero gracias a Dios se fue de la música, porque yo le decía ¡ay niño que te mueres de hambre por favor! y entonces se hizo abogado, no por los consejos de la madre, porque yo quería que fuera músico, pero al mismo tiempo no. La gente tiene la tendencia a querer triunfar y la música no es para triunfar, es solo un privilegio de Dios, la música es solo para hacer buena música. Si vas a dedicarte a ella como medio de vida te vas a dar cuenta que no es fácil. Triunfar es también un privilegio que solamente Dios les da a algunos pocos, no a todo el mundo y no es porque seas mejor ni peor, son las casualidades, los accidentes, con quien estás, en qué momento te vino alguien a ayudar, son muchos factores los que hacen que las personas triunfen en su recorrido por esta vida. En la música es muy difícil. Yo estuve trabajando toda mi vida tocando piano aquí en los hoteles, estuve 30 y pico de años tocando en el hotel Doral Country Club, y la gente ahora me dice, ¿y no te descubrió nadie, por qué no grabas cds? No, a mí la gente me aplaudía mucho, pero nunca se acercó nadie a decirme te descubrí. A mí no me gusta grabar, me gusta que la gente vaya a verme a los conciertos.
¿Qué otros valores le trasmitió a su hijo?
Aquí la vida es compleja, quisiera ver a mi hijo y a mis dos nietos todos los días, no puede ser, por las distancias. Pero siempre le digo a mi hijo una cosa, cuando tú caminas detrás de ti está Dios, pero detrás de Dios estoy yo, donde quiera que vayas. Ahí estamos las mamitas detrás de los hijos siempre, aunque no estemos presentes.
¿Y algo valioso que la vida le haya trasmitido a usted?
Todos los días me levanto a las 5 de la mañana caminar, porque va a hacer dos años que me operaron de corazón abierto. Estuve bastante malita, pero viví. Me dieron el second chance así que ahora quisiera tener el poder absoluto de que nada ni nadie pudiera incomodarme.
¿Si hubiera un cambio en Cuba le gustaría regresar?
Yo detesto hablar de política, la odio, porque estoy aquí en este país por ella. Yo adoro la democracia. El derecho de hablar, como lo estoy haciendo contigo, es un derecho con el cual nací, y nadie me puede quitar, a menos que estemos en una dictadura, y yo detesto las dictaduras. Para mí no importa lo que hagas como dictador, por el mero hecho de que seas dictador, te voy a detestar, no importa que seas de izquierda o de derecha. Tiene que ser escogido el individuo que nosotros queremos que nos gobierne, como mismo escogemos a Jesús o a Buda. Si hubiera un cambio en Cuba me gustaría regresar a ver qué pasó. Yo sé que el vuelo mío se quedó en otra dimensión, porque lógicamente al tú vivir tan lejos de esa patria, allí crecieron otras personas, con otra forma de ser, de pensar, pero son cubanos y el mero hecho de que sean cubanos es suficiente para que yo los adore. Algún día si Dios me da esa vida me gustaría llevarles un poco de mi inyección de alegría y optimismo, de lo que he aprendido aquí en este país libre, de oportunidades tan maravillosas. La vida es la evolución del espíritu y el espíritu evoluciona por medio de la bondad, de la comprensión y de la tolerancia si no existen esas cosas no vale la pena ni estar vivo.
¿De regresar que sería lo primero que haría?
Ir a la tumba de mi abuela, una bella mujer a la que admiraba mucho. Ella y mi madre me hicieron orgullosa de ser cubana, porque me di cuenta de que si Cuba dio mujeres como ella, vale la pena ser cubano. Nunca las vi con una palabra fea, siempre las vi llenas de dulzura, eran ese tipo de gente buena que está hecha con la fortaleza del cedro pero la dulzura del mango.
http://www.youtube.com/watch?v=L9K66Rf9tY8










